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El salto en la facturación nominal, impulsado por los aumentos, comienza a empujar a bocas de expendio fuera de los parámetros oficiales para ser consideradas PyMEs.
El reacomodamiento de los precios de los combustibles como consecuencia de la suba del petróleo, empieza a mostrar un efecto colateral en las Estaciones de Servicio: el riesgo de quedar excluidas del régimen MiPyME por superar los topes de facturación definidos por el Estado.
La inquietud crece entre los operadores, especialmente en aquellas redes donde el volumen de ventas creció en términos nominales pero sin una mejora equivalente en la rentabilidad. El problema no es nuevo, pero se agudiza cuando las actualizaciones de los parámetros oficiales no acompañan el ritmo de los precios.
De acuerdo a la última actualización de la Secretaría de la Pequeña y Mediana Empresa, los límites de ventas anuales para encuadrar como PyME en el sector comercio -donde se ubican las estaciones- quedaron fijados en:

Estos valores son determinantes para acceder al Certificado MiPyME, herramienta clave que habilita beneficios impositivos, previsionales y financieros, como diferimientos de impuestos o acceso a créditos con aval.
Sin embargo, en el sector advierten que el incremento de la facturación responde más a la suba de precios que a un crecimiento real del negocio, lo que genera distorsiones en la categorización.
En ese marco, el asesor contable de la Federación de Entidades de Combustibles, Sebastián Vázquez, explicó a Surtidores que el proceso de encuadramiento no es automático ni inmediato. Remarcó que el sistema toma un promedio de facturación de los últimos tres ejercicios fiscales, lo que introduce un efecto de “arrastre” que puede sostener momentáneamente la condición PyME, pero también retrasar la adecuación a nuevas escalas.

“Si ya tienen el certificado aprobado, sigue vigente. Pero si el crecimiento de ventas los deja por encima de los límites actuales, no es que salen del régimen de inmediato. Tendrán que esperar la próxima actualización de parámetros y recién ahí evaluar si mantienen o pierden la categoría”, agregó.
En el sector advierten que esta dinámica genera incertidumbre, ya que la eventual pérdida del certificado implica mayores cargas fiscales en un escenario donde los costos de operación -salarios, energía y mantenimiento- siguen en alza.
La discusión apunta ahora a la necesidad de que las escalas se actualicen con mayor frecuencia o contemplen variables específicas de actividades con alta facturación y baja rentabilidad, como es la comercialización de combustibles.
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