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Aunque la ley no obliga a reemplazarlos por antigüedad, la combinación de exigencias regulatorias, auditorías y estándares de seguridad hace cada vez más complejo mantener tanques subterráneos antiguos sin actualización tecnológica.
En Argentina, los tanques subterráneos SASH con más de 30 años representan un desafío para las Estaciones de Servicio. Aunque no existe una norma que obligue a su recambio por antigüedad, organismos como APRA, OPDS, el Ministerio de Ambiente de la Provincia de Buenos Aires, ACUMAR y la Secretaría de Energía establecen estándares que hacen más complejo mantener tanques viejos en operación.
El salto tecnológico en tres décadas es notable: mientras los tanques antiguos carecían de doble pared, recintos impermeables y sistemas de detección de pérdidas, las instalaciones actuales deben cumplir con todos estos requisitos. Esta evolución no solo responde a exigencias regulatorias sino también a la seguridad industrial y ambiental. La tendencia del sector es migrar hacia tanques de doble pared con monitoreo continuo, que permiten cumplir auditorías y reducir riesgos operativos.

La Resolución SE 404/94 establece un régimen de pruebas y auditorías que se intensifica con la edad del tanque: los mayores a 10 años requieren más controles, los de entre 5 y 10 años inspecciones más frecuentes, y las nuevas obras deben pasar verificaciones completas. Esto implica que los tanques antiguos tienen mayor probabilidad de recibir observaciones durante inspecciones, aumentando los riesgos económicos y regulatorios.
En 2024, la Dirección Nacional de Refinación y Comercialización alertó sobre errores de diseño recurrentes en proyectos SASH que dificultan aprobaciones y encarecen adecuaciones posteriores. La recomendación es prever los estándares actuales desde el proyecto inicial, ya que corregir deficiencias más tarde suele ser mucho más costoso.
ESTRATEGIAS DE MODERNIZACIÓN
Existen tres caminos principales para abordar la situación: la inactivación permanente, que permite mantener despacho cuando es viable aunque exige permisos y protocolos ambientales; el retiro físico del tanque, que elimina pasivos y simplifica auditorías pero requiere gestión de residuos peligrosos y certificaciones; y el recambio por tecnología moderna, la opción preferida por la industria porque alinea el activo con estándares actuales, reduce pérdidas de tiempo por reparaciones puntuales y asegura mayor certidumbre operativa.
Actualizar un tanque reduce riesgos regulatorios, disminuye la probabilidad de contingencias ambientales, evita demoras al anticipar permisos y aumenta la certidumbre operativa, facilitando inspecciones y aprobaciones.
“En el día a día vemos que la brecha entre los tanques instalados hace 30 años y los estándares actuales se vuelve insalvable. La modernización con doble pared, contención efectiva y monitoreo continuo reduce riesgos, evita observaciones en auditoría y garantiza control del negocio. Cuando el recambio se planifica, el despacho no tiene por qué detenerse”, afirma Emiliano Spyrakis, Director Operativo de ARYES Energías.

Spyrakis explicó que ARYES Energías actúa como proveedor integral de obra SASH, desde el suministro e instalación de tanques de doble pared con doble domo y sistemas de detección de pérdidas, hasta la ingeniería, tramitación, obra civil, montaje, pruebas y puesta en marcha completa. Esta integración permite que las estaciones afronten los desafíos regulatorios y técnicos de manera segura, eficiente y alineada con los estándares internacionales.
En este sentido, la transición hacia tecnologías modernas no es solo cumplimiento legal, sino también una estrategia para garantizar seguridad, eficiencia y continuidad del negocio. Los tanques SASH de más de 30 años pasan de ser un activo funcional a un pasivo potencial si no se planifica su actualización. Quienes actúen con anticipación podrán mantener el despacho operativo, minimizar riesgos ambientales y cumplir con los estándares internacionales que marcan la pauta en la industria argentina.
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