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Medir la huella de carbono y el impacto operativo comienza a posicionarse como una herramienta central para el sector. Por su contacto directo con la sociedad, las Estaciones de Servicio también pueden convertirse en espacios de concientización sobre el uso responsable de la energía.
Las Estaciones de Servicio ocupan un lugar singular dentro del sistema energético. Por sus instalaciones pasan todos los días transportistas, trabajadores, familias y empresas. En ese punto de encuentro entre el consumo energético y la vida diaria, las estaciones se convierten en uno de los canales más directos de interacción entre la ciudadanía y el sistema energético.
Esto abre una posibilidad que trasciende la función tradicional de despacho de combustibles: convertirse en espacios de concientización sobre el uso de la energía y la transición hacia modelos más sostenibles. Pero para que tenga sentido, primero es necesario comprender y gestionar el impacto ambiental de la propia operación.
Además de la extracción, refinación, transporte y distribución de combustibles, cada punto de expendio también genera impactos ambientales asociados a su funcionamiento.

Entre las principales fuentes de emisiones se encuentran el consumo de energía eléctrica de las instalaciones, la evaporación de combustibles, las emisiones fugitivas en operaciones, la logística vinculada al transporte y el consumo de agua en distintas tareas operativas.
Por esa razón, los estudios de impacto ambiental y la medición de indicadores como la huella de carbono y la huella hídrica comienzan a adquirir un rol cada vez más relevante en el sector.
Según explica Germán Eduardo Lambré, fundador de Exor Evolution, “el primer paso para gestionar el impacto climático de una organización es conocer su línea base ambiental“. A partir de esa información es posible identificar dónde se producen las emisiones, establecer objetivos de reducción y tomar decisiones operativas orientadas a mejorar la eficiencia.
En diálogo con Surtidores, el especialista describe que cuando una estación conoce con precisión su impacto climático, la sostenibilidad deja de ser una idea abstracta para convertirse en gestión operativa basada en datos.
En términos prácticos, un estudio ambiental comienza con un relevamiento integral de la operación de la Estación de Servicio. Allí se identifican todas las fuentes de impacto vinculadas a la actividad: el consumo energético de las instalaciones, los sistemas de almacenamiento y despacho de combustibles, las emisiones evaporativas, el uso de agua en las tareas operativas y la logística asociada al abastecimiento. Con esta información se construye una línea base ambiental, que permite dimensionar con precisión el nivel real de emisiones e impactos generados por la operación.
A partir de esa línea base se elaboran indicadores ambientales, como la huella de carbono y la huella hídrica, que permiten medir y monitorear el desempeño de la estación a lo largo del tiempo. Estos estudios no solo ayudan a identificar oportunidades para reducir emisiones y mejorar la eficiencia operativa, sino también a anticiparse a futuras regulaciones ambientales y orientar inversiones vinculadas a la transición energética.

UNA OPORTUNIDAD PARA EVOLUCIONAR
En Argentina, más del 95 por ciento de la infraestructura de abastecimiento para movilidad continúa siendo fósil, lo que confirma que la transición energética apenas comienza y las Estaciones de Servicio seguirán siendo durante muchos años un actor central del sistema energético.
Sin embargo, su rol puede transformarse. Por su infraestructura, su presencia territorial y el contacto cotidiano con millones de personas, las estaciones tienen la posibilidad de convertirse en verdaderos nodos de acción climática y educación energética.
En ese camino, la gestión ambiental, la medición de impactos y la incorporación progresiva de nuevas soluciones energéticas aparecen como herramientas fundamentales.
En el futuro, las Estaciones de Servicio probablemente no serán evaluadas únicamente por la cantidad de litros vendidos, sino también por su capacidad de ofrecer nuevas formas de abastecimiento energético y por cómo contribuyen a reducir el impacto climático del sistema.
En este sentido, Lambré concluye: “justamente es en estos lugares donde la energía se encuentra con la sociedad y donde también puede comenzar a construirse una transición energética más consciente”.
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