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Una de las innovaciones que trajo el 2025 fue este sistema que suma recirculado y retención de partículas microscópicas, mejorando la calidad del combustible desde el origen; protegiendo bombas, filtros y surtidores.
En una Estación de Servicio, muchos problemas empiezan donde nadie mira: dentro del tanque. Sedimentos acumulados, restos de óxido, borras o pequeñas partículas en suspensión pueden terminar en los filtros, forzar las bombas y, en el peor de los casos, llegar al vehículo del cliente.
Durante años, la limpieza interior fue una tarea correctiva, que se hacía cuando aparecía un síntoma. Hoy, con márgenes más ajustados y equipos más sensibles, esa lógica empieza a cambiar hacia un enfoque preventivo.

En ese escenario, El Emporio del Tanque presentó una mejora concreta en su servicio que apunta directamente a este punto crítico: un sistema de limpieza en dos etapas con filtrado incorporado, pensado para dejar el combustible en condiciones más estables desde el propio almacenamiento.
“Uno de los servicios que más nos solicitan las estaciones es la limpieza interior de tanques”, explicó su directora ejecutiva, Ana Laura Del Gener, reflejando una preocupación que se repite cada vez más entre operadores que buscan reducir imprevistos operativos.
En diálogo con Surtidores, Del Gener compartió que este año han mejorado la prestación ofreciendo la limpieza en dos etapas con filtrado incorporado: el primer recirculado para lavar y extraer los residuos de paredes y sedimentos del fondo y el segundo, a través de un filtro que asegura la retención del remanente de partículas.
En términos simples, el proceso funciona como un doble barrido: primero, se desprende y se extrae la suciedad gruesa que se acumula en paredes y fondo. Después, el combustible pasa por un sistema de filtrado fino que captura lo que a simple vista no se ve, pero que suele ser el origen de taponamientos y desgaste prematuro.

Para esa segunda fase utilizan elementos filtrantes de alta performance tipo cartucho de microfibra con doble malla y retención de 7 micrones, una especificación que apunta a atrapar partículas muy pequeñas que normalmente seguirían circulando por la instalación. El trabajo termina con la purga final, una vez incorporado en el tanque limpio el combustible nuevo.
Menos sedimentos en el tanque implica: menor carga de trabajo para filtros y bombas; menos recambios y mantenimiento correctivo; menos riesgos de fallas en surtidores; y menor probabilidad de reclamos por calidad de producto, así como la aprobación de evaluaciones sorpresa (cada vez más recurrentes) por parte de las petroleras.
Y como cada hora fuera de servicio impacta en la facturación, prevenir termina siendo más rentable que reparar. Además, la tendencia del mercado hace más indispensable la eficiencia en este aspecto. Con estaciones que amplían capacidad, suman tanques o aumentan su volumen de despacho, el combustible permanece más tiempo almacenado y circula con mayor intensidad.
Por eso, para muchos estacioneros, probar este tipo de limpieza más profunda puede convertirse no en un gasto extra, sino en una herramienta concreta para cuidar equipos, producto y clientes al mismo tiempo.
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