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La incorporación de productos de minimercado en el área de carga de combustible busca modernizar la imagen de las estaciones y ampliar la oferta comercial, pero su implementación está condicionada por normas técnicas y regulatorias.
En la búsqueda de renovar la experiencia del cliente y potenciar el negocio más allá del surtidor, muchas Estaciones de Servicio incorporaron exhibidoras de productos dentro de las playas de carga. La propuesta apunta a permitir que los usuarios puedan autoabastecerse de bebidas, refrescos u otros artículos de minimercado mientras cargan combustible, integrando la oferta comercial al recorrido habitual del cliente. Si bien la iniciativa aparece como una oportunidad para mejorar ventas y modernizar la imagen de los establecimientos, su aplicación plantea desafíos técnicos y regulatorios que requieren un análisis riguroso.
El principal eje de discusión gira en torno a la seguridad. Consultado por Surtidores, el especialista y consultor en seguridad e higiene en Estaciones de Servicio, Mariano Sobrero, advirtió que cualquier modificación en la playa de carga debe evaluarse con extrema responsabilidad. Según explicó, la instalación de exhibidoras y muebles facturadores en ese sector debe cumplir con lo establecido en el Decreto 2407 de 1983, que regula las normas para el expendio de combustibles y define las denominadas áreas clasificadas.

Estas áreas se caracterizan por la posible presencia de atmósferas explosivas, generadas por vapores inflamables presentes en las instalaciones y/o durante la carga de combustible. Sobrero remarcó que las exhibidoras solo pueden ubicarse en los sectores clasificados si cuentan con instalaciones eléctricas específicamente diseñadas para ambientes con riesgo de explosión. “No se trata solo de sumar equipamiento, sino de respetar las condiciones de seguridad que rigen en la playa de carga”, subrayó el especialista.
La advertencia cobra relevancia en un escenario donde muchas exhibidoras comerciales disponibles en el mercado no están preparadas específicamente para operar en esos espacios. La utilización de equipos en las mencionadas áreas que no cumplan con las exigencias antiexplosivas implicaría un incumplimiento directo de la reglamentación vigente, con el consiguiente riesgo de sanciones y, lo que es más grave, pasible de generar accidentes que podrían comprometer la integridad de trabajadores y clientes.
Otro aspecto crítico señalado por Sobrero es el propio proceso de instalación de estos dispositivos. Las exhibidoras deben ser amuradas al suelo de la isla para garantizar su estabilidad, lo que implica habitualmente la realización de perforaciones y trabajos en sectores considerados de alto riesgo. Estas tareas, explicó, no pueden llevarse adelante de manera rutinaria ni improvisada, ya que involucran operaciones en áreas clasificadas.
En esas circunstancias, el consultor indicó que resulta necesario aplicar permisos de trabajo específicos, utilizar explosímetro para verificar la no presencia de gases inflamables en el área de trabajo y cumplir estrictamente con los procedimientos de seguridad previstos para las denominadas tareas en caliente. La omisión de estos pasos no solo vulnera la normativa, sino que expone a las estaciones a situaciones de alto riesgo operativo.
Sobrero enfatizó además la necesidad de planificar cada intervención mediante programas de seguridad adecuados y con la participación de un profesional competente. Esta evaluación previa permite identificar riesgos, definir medidas de mitigación y asegurar que la instalación se realice conforme a las exigencias legales. “La planificación es clave para evitar incumplimientos normativos que luego deriven en sanciones o en la necesidad de desarmar instalaciones ya ejecutadas”, advirtió.

El especialista también recordó que toda instalación de las exhibidoras debe respetar las especificaciones técnicas establecidas por los fabricantes de los equipos, siempre que estas no contradigan las normas de seguridad específicas vigentes. En algunos casos, explicó, puede existir un desajuste entre las recomendaciones comerciales y las exigencias regulatorias, que debe resolverse siempre priorizando el cumplimiento del marco legal.
Para Sobrero, la conclusión es clara: innovar es posible, pero no a cualquier costo. La modernización de las Estaciones de Servicio debe apoyarse en una gestión responsable de la seguridad, en el conocimiento de la normativa vigente y en la intervención de profesionales especializados. “Solo de ese modo será posible ampliar la oferta comercial y renovar la imagen de los establecimientos sin poner en riesgo a las personas ni comprometer la continuidad del negocio”, sostuvo.
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