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El arribo de nuevos modelos electrificados al país, impulsado por importaciones de gran escala, vuelve a poner en agenda la rentabilidad, la regulación y la infraestructura eléctrica como ejes centrales para que las Estaciones de Servicio avancen en cargadores a partir de 2026.
La aceleración en la llegada de vehículos eléctricos e híbridos al mercado argentino comienza a generar expectativas renovadas dentro del sector de las Estaciones de Servicio, aunque las decisiones de inversión en infraestructura de carga siguen condicionadas por variables estructurales que todavía no están resueltas. Los operadores coinciden en que el punto de inflexión podría darse en 2026, cuando el volumen de unidades en circulación modifique la escala del negocio.
En ese marco, Fernando Rolando, Gerente de la Federación de Empresarios de Combustibles de la República Argentina, explicó que la electromovilidad hoy se analiza más como un proyecto en evaluación que como una inversión inmediata. “Hay muchos interrogantes: mercado, rentabilidad, infraestructura eléctrica en Argentina, rol de las petroleras, inversiones importantes y un cambio cultural”, describió.

En diálogo con Surtidores, el directivo remarcó que, si bien las Estaciones de Servicio cuentan con condiciones de seguridad y ubicación que las posicionan como espacios naturales para el despliegue de cargadores rápidos, “el negocio todavía no ofrece señales claras“.
La falta de definiciones sobre costos, tarifas y recupero de capital mantiene a la mayoría de los operadores en una postura expectante. Sin embargo, este escenario empieza a cambiar con algunos movimientos recientes del mercado automotor.
Durante el inicio de 2026 se espera un salto significativo en el ingreso de vehículos electrificados al país, impulsado por la estrategia de expansión regional de fabricantes asiáticos. BYD —uno de los principales jugadores globales del segmento— concretará desembarcos de gran escala en la Argentina mediante buques propios tipo roll-on/roll-off, con capacidad para transportar hasta 7000 unidades por viaje. La compañía proyecta movilizar 1 millón de vehículos a nivel global durante 2026, apoyada en una flota de 8 buques con una capacidad total estimada de 65.000 autos por rotación, replicando operaciones ya realizadas en Brasil, donde en un solo arribo se descargaron 5459 unidades.
Estas importaciones, sumadas al beneficio vigente que permite ingresar modelos electrificados sin el arancel del 35 por ciento, anticipan un incremento relevante del parque de vehículos eléctricos e híbridos en circulación en el mercado local.
No obstante, desde la perspectiva de los estacioneros, el principal obstáculo sigue siendo la rentabilidad. Rolando señaló que hoy los cargadores eléctricos son percibidos como un elemento de competencia y no como un complemento rentable del negocio tradicional. “Para que sea un complemento debe aportar ganancia al negocio. Hoy esos números no están claros o no son seductores”, afirmó.
Esta mirada se repite en las conversaciones internas del sector, donde se advierte que la inversión en cargadores rápidos requiere desembolsos elevados, tanto en equipos como en adecuaciones de infraestructura eléctrica, sin que exista todavía una demanda sostenida que garantice flujos de ingresos previsibles. Por esto, la espera del aumento proyectado del parque de vehículos eléctricos aparece como el factor necesario para destrabar la ecuación económica.
El gerente de FECRA coincidió en que la mayor cantidad de unidades enchufables en circulación será el disparador natural de las discusiones y, eventualmente, de las inversiones y opinó que “se dará durante 2026”.
Asimismo, introdujo un elemento diferencial para el desarrollo en Argentina: la ampliación del GNC, ya que la coyuntura podría favorecer este segmento; especialmente frente a los motores pesados gasoleros, por una conveniencia económica y estratégica para el país, reforzando la idea de una transición gradual, con múltiples alternativas energéticas conviviendo durante varios años.
En cuanto a los tiempos, desde el sector descartan cambios abruptos. La electromovilidad todavía enfrenta desafíos relevantes vinculados a la confiabilidad de las redes y a la disponibilidad de energía. El directivo recordó que el sistema eléctrico nacional presenta limitaciones incluso para abastecer la demanda residencial, lo que condiciona cualquier despliegue masivo de cargadores.
A esto se suma la discusión sobre el costo total de los vehículos eléctricos, en particular el recambio de baterías y su impacto en el valor residual de las unidades, un factor que también incide en la velocidad de adopción por parte de los consumidores.

Pese a las incertidumbres, desde FECRA remarcan que las Estaciones de Servicio están llamadas a cumplir un rol central en el ecosistema de la movilidad y la energía, bajo un modelo híbrido, donde convivan combustibles líquidos, gaseosos y carga eléctrica, junto con una oferta de servicios capaz de atender al conductor durante los tiempos de espera. Además, establecimientos con espacios más apropiados para instalar puestos de carga, tanto para vehículos particulares como de transporte, por sus estándares de seguridad y su capilaridad territorial.
Finalmente, Rolando puso el foco en la necesidad de un marco regulatorio claro, especialmente en lo relativo a precios e impuestos. Hoy los combustibles tradicionales soportan una elevada carga tributaria y la futura comercialización de energía eléctrica para movilidad no quedará al margen de la regulación estatal. La definición de estas condiciones será determinante para evaluar cómo quedará posicionada la electromovilidad frente a las alternativas existentes.
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