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El ex secretario de energía, Jorge Lapeña, advirtió que la baja del superávit comercial impedirá disminuir los impuestos sobre los combustibles líquidos. Afirma que la medida debería hacerse necesaria por las crecientes necesidades de elevar los precios para hacer viable la importación que garantice el abastecimiento
Mientras que todas las estimaciones posibles sobre el futuro de los precios de los combustibles anticipan subas de hasta un 40 por ciento para el año que viene, la carga fiscal sobre estos productos no se verá disminuida, pese a que los valores que indicarán las pizarras afectarán en gran medida a los automovilistas y la industria.
Según describió Jorge Lapeña, ex secretario de energía y especialista en la materia, los precios en surtidor para los combustibles derivados del petróleo son muy distintos en cada país, porque además del pago que retribuye a la industria petrolera, se suman los impuestos a los productos terminados, que varían en cada caso. Hay países como EE.UU donde la carga impositiva es muy baja; hay otros con carga alta – en general los países europeos – y hay otros con carga intermedia como
Lapeña mencionó que una política de precios razonable es aquella en el que el valor, antes de la aplicación de impuestos, retribuye todos los costos de producción del combustible. Asimismo, cuando el país es exportador fija precios en “paridad de exportación“, y cuando el país es importador, debería fijarlos en esa paridad. En este contexto, nuestras pizarras están hoy bastante atrasadas respecto a estos valores, y -consecuentemente- existen dificultades de abastecimiento al mercado, sostuvo el ex funcionario.
De ahí que los referentes del sector estiman un litro de nafta en 10 pesos en surtidor para hacer rentable la importación. Inevitablemente las pizarras van a tener que adaptarse a las necesidades de la demanda, apuntó.
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