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Los combustibles destinados a vehículos de alta gama sufrieron el embate de la inflación en menor medida que los tradicionales. La nafta súper fue la que más aumentó seguida por el gasoil común. Los porcentajes se equilibraron en el 2011
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Esto se cumple a rajatabla si se toma como base los precios en los surtidores de la ciudad de Buenos Aires de mayo de este año y se los compara con los con los de junio de 2007. Los aumentos fueron del 138 por ciento para el gasoil; 155, para la nafta súper, y 128 por ciento, para la premium.
Según explica el presidente de
En sintonía con esta premisa, la súper fue el producto que más subió. Los de alta gama, aquellos que por su precio raramente faltan de los surtidores, respetan el principio inverso: cuando la oferta excede la demanda, el precio tiende a disminuir, o para ser más precisos, a estabilizarse.
A pesar de las disparidades porcentuales, durante el transcurso de este año los aumentos fueron equilibrándose. Desde septiembre del 2010 hasta estos días, los combustibles que se expenden en las estaciones de servicio (naftas y gasoil en sus dos variedades) treparon en promedio 44 por ciento.
Para explicar el ascenso de las pizarras, las compañías alegan una serie de factores, entre los que figuran el encarecimiento de la materia prima, el alza de los costos operativos y la incorporación de los biocombustibles al mercado. Sin embargo y para echar luz sobre el proceso de formación de precios del sector hay que poner la lupa en la participación impositiva que pesa sobre los combustibles, que en nuestro país alcanza el 65 por ciento por litro.
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