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Los hechos delictivos contra la actividad no tienen tope ni fronteras: en Brasil, un delincuente luego de asaltar el minimercado de la estación de servicio se dirigió hacia los surtidores, los roció con nafta y les prendió fuego
Los actos criminales que sufren a diario las estaciones de servicio parecen no tener fin. Ya no sólo son robos, la agresión y el ensañamiento ha superado todos los límites, tal como sucedió en San Pablo, Brasil, cuando un delincuente luego de asaltar el minimercado se dirigió hacia los surtidores, los roció con nafta y les prendió fuego.
El robo se produjo después de que el hombre puso gran cantidad de billetes en el mostrador para pagar por una bolsa de papas fritas. Cuando el cajero terminó de contar el cambio y abrió el cajón con dinero, el ladrón metió un par de tijeras para mantenerlo abierto y le sustrajo 100 reales.
Hasta ahí, un robo más, como sucede en cualquier parte del mundo. Lo increíble es que después del despojo, le prendió fuego a la estación.
Impunemente, descargó el combustible contra las instalaciones un buen rato. Una vez concluida la tarea, encendió un fósforo y lo arrojó sobre el combustible. Las llamas ganaron espacio rápidamente prendiendo todo el material embebido y destruyendo lo que encontraban a su paso.
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