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La política de precios de los combustibles presenta algunas particularidades que son ajenas a los mercados internacionales o la globalización. Con fuertes intervenciones del Estado, se tiende mas a congelar las pizarras en los surtidores que a fomentar la inversión y exploración de nuevos pozos que incrementen la producción de crudo
El precio interno del barril esta diferenciado del precio internacional por las retenciones móviles. Actualmente, el exportador recibe U$S 42 y el resto queda para el Estado por lo que al bajar el valor de paridad de exportación, disminuye lo que pagan las refinerías a las petroleras. El problema es que como se exporta muy poco y sólo de petróleo pesado (que no es el más requerido para producir combustibles), las petroleras consiguieron que las refinerías abonen un precio mayor, alrededor de U$S 50/55 por barril.
Julio Gambina, Profesor de Economía Política en
Argentina no tiene en un horizonte de mediano plazo la dependencia total de combustibles. Sin embargo, es posible la necesidad de importación de volúmenes cada vez mayores de petróleo crudo liviano y combustible refinados, afirmó.
Una de las grandes preocupaciones de la actividad tiene que ver con los coletazos que pueden pegar en la política de precios los vaivenes del valor de crudo en el mercado mundial. El aumento del precio internacional no se verá reflejado de manera inmediata y directa en los precios internos, pero si los altos precios se sostienen, las petroleras negociarán para obtener mayores precios para el crudo por lo que las refinerías comenzarán a buscar aumentar los combustibles para no perder márgenes de ganancia, explicó Gambina.
En caso de una dependencia total de la importación (como ocurre en países de la región como Uruguay, Chile y Paraguay) el aumento del precio internacional incidirá directamente en los internos a menos que el sector público intervenga mediante subsidios. Justamente, en estos tres países, el Estado mantiene posiciones monopólicas y auxilian el consumo en el mercado interno, comento.
Según el economista, revertir el proceso de agotamiento de reservas implica una fuerte intervención estatal en materia energética. En el mundo, son las empresas estatales las que desarrollan y perforan en búsqueda de reservas. Las empresas privadas argentinas no tienen obligaciones de mantener una estrategia de agotamiento racional del recurso ni inversiones de riesgo mínimas por lo que para maximizar sus utilidades, se dedican a extraer sin reponer, describió.
El Estado tiene que mantener la racionalidad de toda la cadena, independizando definitivamente los precios internos de los internacionales. En la situación actual, las refinerías controlan las estaciones de servicio más rentables y los valores de venta de los combustibles, discriminando a las pequeñas estaciones lo que provoca su asfixia económica. Por esta razón, Gambina propone mayor control estatal en los precios de la cadena de comercialización.
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