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La petrolera en asociación con Virent Energy Sistems ha presentado la primera bionafta compatible con cualquier motor y en cualquier porcentaje de mezcla. Se origina a partir de un proceso similar al del refino del petróleo
Ambas empresas han producido el primer litro de un nuevo biocombustible, que a pesar de proceder de la conversión de los azúcares de algunas plantas no ha dado como resultado etanol. Es el último paso de un programa de investigación y desarrollo en el que Virent Energy Sistems y Shell trabajan desde 2008. La planta está capacitada para producir
La noticia contiene como primera lectura positiva que el producto se puede emplear en cualquier tipo de motor a nafta y en cualquier mezcla, cosa que ahora no ocurre con el bioetanol. El límite de mezcla de este último en motores convencionales está en torno al 10%. Además no necesita ninguna infraestructura añadida o especial ni en los sistemas de descarga y almacenamiento ni en las estaciones de servicio.
La tecnología patentada por Virent (BioForming) para producir el biocarburante emplea catalizadores para convertir los azúcares de las plantas en moléculas de hidrocarburo, en un proceso similar al que se sigue en una refinería al convertir petróleo en nafta. Hasta el momento, el único proceso industrial y comercial para obtener un sustituto bio es la fermentación de esos azúcares y su posterior destilación.
El nuevo sistema patentado permite que el combustible tenga un mayor contenido de energía que el etanol y, por lo tanto, una mayor eficiencia en su uso. También recuerdan que no sólo admite la mezcla con nafta pura sino con ésta mezclada con etanol. Eso sí, como apunta Luis Scoffone, vicepresidente de Energías Alternativas de Shell. todavía queda camino por andar para conseguir la comercialización, aunque estamos muy satisfechos de lo rápido que se han conseguido algunos resultados en el trabajo conjunto con Virent.
La planta trabaja actualmente con remolacha, pero tanto Virent como Shell recalcan que la tecnología BioForming permite utilizar otras materias primas no alimentarias para elaborar la bionafta, como restos herbáceos de maíz, paja de trigo o bagazo de caña de azúcar, además de las plantas originales de estos residuos agrícolas.
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