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Aseguran que aunque el valor spot muestra alivio en el corto plazo, el nuevo esquema introduce volatilidad y obliga a las Estaciones de Servicio a analizar su abastecimiento para ganar previsibilidad y proteger la rentabilidad.
La reforma del mercado eléctrico argentino ya muestra efectos concretos sobre los grandes consumidores de energía y alcanza de manera directa a las Estaciones de Servicio. A partir de la Resolución 400/2025, la Secretaría de Energía inició un proceso de normalización orientado a dejar atrás más de dos décadas de esquemas centralizados y precios administrados, con el objetivo de avanzar hacia un mercado con señales económicas más transparentes, mayor contratación entre privados y una reducción progresiva de la intermediación estatal a través de CAMMESA y ENARSA.
“El espíritu de la norma no es subir los precios de manera inmediata, sino ordenar el funcionamiento del mercado”, explicó a Surtidores la economista Nadia Sager, directora y fundadora de GEINSA Gestión de Energía. Según detalló, el objetivo es que la demanda enfrente precios más claros y que la oferta reciba una remuneración alineada con los costos marginales reales del sistema.

La reforma impulsa además la contratación directa de energía y potencia en el Mercado a Término (MAT), aunque este proceso convive con un esquema transitorio. “La normalización eléctrica se está dando mientras el mercado de gas todavía mantiene componentes centralizados a través del Plan Gas.Ar, que sigue vigente hasta 2028. Esa convivencia explica muchas de las señales que hoy se observan en los precios”, señaló Sager.
Los primeros meses de implementación dejaron valores que llamaron la atención del sector. En noviembre y diciembre de 2025, el precio spot de la energía pagado por la demanda no contractualizada se ubicó en torno a los 35 y 38 dólares por megavatio hora. Para Sager, estos números requieren una lectura cuidadosa. “No reflejan una baja estructural de los costos del sistema. Lo que cambió fue la metodología de cálculo”, aclaró.
Según explicó, la Resolución 400 quitó del precio spot el recupero de ciertos costos operativos, que ahora se distribuyen entre toda la demanda mediante otros cargos. “Cuando se mira solo el spot mensual, puede parecer que la energía está barata, pero el costo total sigue estando presente en la factura”, afirmó. Además, advirtió que este criterio podría modificarse: “Hay conversaciones entre CAMMESA y distintas asociaciones que están reclamando revisar esta metodología, por lo que no es un esquema definitivo”.
Si se observa el precio completo del Mercado Eléctrico Mayorista, el panorama es más amplio. En diciembre de 2025, el costo total —energía, adicionales, servicios, potencia y transporte— rondó los 61 dólares por megavatio hora. “La energía spot es solo una parte del número final. Potencia y transporte siguen representando un piso estructural cercano a los 19 dólares por megavatio hora que no desaparece”, remarcó la economista.
Durante el verano, el sistema no mostró saltos abruptos en los costos marginales. El despacho térmico se sostuvo mayormente con gas natural y el nivel de exigencia operativa fue moderado. Sin embargo, Sager insistió en no sobredimensionar esta situación. “Los precios spot actuales están por debajo de los valores de contratación en el Mercado a Término y también del precio monómico real del sistema. Esa diferencia genera señales que pueden resultar engañosas”, sostuvo.
Las proyecciones de CAMMESA para 2026 refuerzan este punto. El precio spot promedio anual de la energía se ubicaría entre 48 y 55 dólares por megavatio hora, mientras que el precio monómico total para grandes usuarios —energía, potencia, transporte y servicios— se proyecta en torno a los 70–77 dólares, niveles similares a los de 2025. “El promedio no alcanza para tomar decisiones. El problema es la volatilidad”, subrayó Sager.
Según explicó, los picos invernales continúan proyectándose en valores elevados, de entre 80 y 95 dólares por megavatio hora solo para la energía, mientras que los cargos fijos del sistema constituyen un piso que se mantiene durante todo el año. “El mercado spot no ofrece previsibilidad. Los ingresos altos se concentran en pocos meses y con un nivel de riesgo operativo y regulatorio significativo”, advirtió.
Este esquema impacta de lleno en las Estaciones de Servicio, muchas de las cuales operan como Grandes Usuarios de Distribuidora (GUDIs). Desde diciembre de 2023, con la Resolución 976, ya comenzaron a enfrentar precios más alineados a los grandes usuarios del mercado, y la Resolución 400 profundiza ese proceso. “Para consumos intensivos y continuos como los de una Estación de Servicio, la volatilidad puede generar un estrés financiero importante si no se gestiona el abastecimiento”, señaló Sager.

En ese marco, la economista sostuvo que la reforma traslada el incentivo hacia la contractualización bilateral como herramienta de cobertura. Para los GUDIs, explicó, existen dos alternativas: permanecer bajo la órbita de la distribuidora, que ahora puede actuar como agregadora y contratar energía y potencia en el Mercado a Término, o migrar a esquemas como GUMA o GUME, gestionando directamente el suministro. “Más control también implica mayor responsabilidad y exposición al riesgo”, aclaró.
Desde GEINSA remarcan que la normalización del mercado eléctrico no busca, en esta etapa, un aumento inmediato de precios, sino ordenar las señales económicas. No obstante, Sager dejó una advertencia clara para el sector: “El ahorro aparente del spot puede ser engañoso. La energía dejó de ser solo un costo operativo y pasó a ser una variable estratégica para el negocio de las Estaciones de Servicio”.
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