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Especialistas afirman que el “buffer” suaviza el impacto en los bolsillos, pero no garantiza una recuperación sostenida del consumo ni mejora los márgenes de las estaciones.
El mercado energético mundial atraviesa un momento de alta volatilidad, con el barril de petróleo rondando los USD 100. Esta situación genera repercusiones directas en el bolsillo de los consumidores y en la estructura de costos de las empresas locales.
Los datos son elocuentes. La nafta súper, cuyo precio promedio entre 2018 y febrero de 2026 fue de USD 0,94 por litro, alcanzó los USD 1,43 en marzo de este año. La nafta premium subió un 21 por ciento, llegando a USD 1,58, mientras que el gasoil experimentó el aumento más pronunciado, con un 25 por ciento, llegando a USD 1,48 por litro.

Frente a este escenario, YPF implementó un amortiguador de precios por 45 días. Horacio Marín, CEO de la compañía, destacó que la decisión no constituye una medida de control, sino un mecanismo para contener el impacto de la subida internacional del crudo sobre los surtidores locales. Al respecto, Nicolás Taiariol, consultor senior y exdirector de la Secretaría de Energía, explicó que la decisión responde a cambios en la conducta del consumidor: “Históricamente, la demanda era inelástica: los usuarios seguían cargando combustible incluso con aumentos. En marzo de 2026, eso cambió: los conductores comenzaron a reducir el consumo o migrar de premium a súper. El buffer permite sostener el mercado y evitar un desplome en las ventas, pero no resuelve las causas estructurales del problema”.
Para Taiariol, la medida funciona como un “torniquete financiero”. Contiene la caída de las ventas y ayuda a que la inflación no se vea arrastrada por un nuevo aumento de combustibles, pero opina que el efecto sobre la recuperación de la demanda será, al menos por ahora, limitado. “La estabilización dependerá de la temporada de cosecha, la evolución de los salarios reales y la estabilidad del tipo de cambio; mientras estos factores no mejoren, los consumidores seguirán ajustando su consumo”, advierte en diálogo con Surtidores.
Asimismo, considera que la decisión de YPF también genera un efecto de arrastre en el resto del mercado. “La medida crea un ancla psicológica en el consumidor. Cualquier intento de cobrar más será percibido como caro, incluso si los costos reales justifican el diferencial”, sostiene Taiariol.
Por su parte, alerta que las Estaciones de Servicio independientes quedarán atrapadas en una doble presión, ya que deben pagar a las refinadoras precios que, aunque estabilizados, no siempre reflejan sus costos de reposición y al mismo tiempo, no pueden trasladar estos costos al público si quieren mantener competitividad. “Como resultado, los márgenes por litro se reducen y algunas estaciones podrían optar por limitar horarios de atención o vender menos combustible sin incurrir en desabastecimiento formal, pero generando una ´restricción encubierta´ de oferta”, previene el especialista.
El impacto del buffer de YPF también se percibirá en la inflación, apunta Taiariol. En una economía donde el transporte incide directamente en el índice de precios al consumidor, contener los aumentos en los combustibles ayuda a evitar un efecto arrastre sobre alimentos, servicios y logística. Sin embargo, plantea que esta es solo una medida temporal. “Mientras los salarios reales sigan estancados y el tipo de cambio siga siendo el principal ancla de los precios de los combustibles, la demanda no se recuperará de manera sostenida”, señala.

En este escenario, la posibilidad de que el gobierno nacional establezca un tope al precio del barril en boca de pozo se mantiene como un tema de debate. Las condiciones actuales hacen que una medida de ese tipo sea improbable. El costo político y legal sería alto, la reacción del sector productor sería adversa y podría generarse una brecha con el precio internacional que incentivaría la exportación fuera de normativa. Además, recientes medidas, como la reducción de derechos de exportación para el petróleo convencional, refuerzan la estrategia de estímulo a la producción en lugar de controles adicionales.
Aun así, Taiariol aclara que la situación requiere seguimiento. “No existen condiciones hoy para fijar un tope al barril, pero eso no significa que nunca puedan surgir. Si el precio internacional se mantiene en niveles elevados y se prolonga el impacto sobre la economía local, cualquier cambio en la política podría volverse necesario, aunque no sea deseable para los inversores ni para el sector petrolero”, concluye.
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