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En todo el país se percibe un incremento de los robos, principalmente en los locales de la periferia de las ciudades. En algunas provincias analizan protestas contra las autoridades pero mientras tanto los expendedores de combustibles refuerzan las medidas de seguridad
A toda hora y en todo lugar, las bocas de expendio sufren asaltos a mano armada en cualquier momento del día. Si bien parece una frase trillada se trata de una nueva realidad generada por las condiciones de comercialización, ya que permanecen abiertas durante las 24 horas y no tienen ningún tipo de restricciones al ingreso. En todo momento, los playeros están expuestos a los arrebatos de billeteras, el botín preferido de los ladrones de paso.
José Escoda, Secretario General del Sindicato de Trabajadores de Estaciones de Servicio de Cuyo, ubicó a la inseguridad como uno de los temas prioritarios en la agenda de los empleados. “Es un problema muy preocupante”, expresó, por lo que considera que por parte del Estado deben tomarse medidas de inmediato para solucionarlo.
Si bien hay estaciones de algunas zonas que padecen robos con mayor frecuencia, el panorama se observa en todas las provincias. En el sector ubican a los establecimientos asentados en los barrios alejados como los más expuestos al delito. La escasa presencia policial y la cercanía hacia los asentamientos precarios motivan esta situación.
Hace apenas un mes, el secretario general de la seccional Santa Fe del Sindicato de los Empleados de Estaciones de Servicio, Ismael Marcon, advirtió con decretar un cese de actividades por 24 horas en reclamo de mayor seguridad luego de una seguidilla de hechos de violencia producidos en el Gran Rosario. Se tuvo que llegar a esa instancia para que las autoridades convocaran a una ronda de negociaciones. Según trascendió se está analizando reforzar la presencia policial en los establecimientos principalmente por la noche y esta semana podría haber novedades.
Asimismo, los expendedores también están cansados de padecer los robos. No sólo por la plata que se pierde, que si bien no es mucha, provoca pérdidas importantes en el negocio por el malestar y el miedo que se genera en el personal. Además, esta ausencia de las autoridades obliga a los expendedores a invertir dinero en cámaras de vigilancia y en seguridad privada, gastos que desmenuzan aún más la rentabilidad.
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