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Dos exsecretarios de Energía coinciden en que la referencia internacional del barril y las debilidades del mercado interno explican por qué la abundancia no derrama en el surtidor.
El boom no convencional transformó la balanza comercial energética, reactivó inversiones y consolidó a la Argentina como jugador relevante en el mercado regional de hidrocarburos. Pero mientras los indicadores macro muestran volúmenes en alza y expectativas de ingreso de divisas, en el plano cotidiano el consumidor sigue atado a un esquema de precios que no responde linealmente a la mayor producción local. La discusión ya no gira en torno por si hay o no petróleo suficiente, sino por cómo se estructura el mercado y bajo qué reglas se define el valor final en el surtidor.
Para el exsecretario de Energía Emilio Apud, el punto de partida es estrictamente económico. “No tiene por qué reflejarse la mayor producción o productividad en Vaca Muerta en las Estaciones de Servicio”, sostuvo en diálogo con Surtidores. El precio del crudo que abastece a las refinerías locales “es siempre la referencia internacional”, explicó, porque el productor compara permanentemente el mercado interno con la alternativa exportadora.

“No van a vender nunca más barato acá y dejar de exportar. Van a vender al precio que les equilibra la exportación, tal vez un poco menos por el flete”, afirmó. “Esa lógica de indiferencia entre vender afuera o colocar en el país estructura toda la cadena; si el valor internacional sube, el interno acompaña; si baja, el traslado no siempre es pleno”, agregó.
Las proyecciones productivas refuerzan el argumento: Hoy el consumo ronda los 500.000 a 550.000 barriles diarios y en pocos años la producción podría alcanzar 1,5 millones. “Más de un millón va a provenir de Vaca Muerta y todo eso es para exportación, el saldo exportable en breve va casi a triplicar el consumo interno”, remarcó.
Apud recordó además que el crudo exportado paga retenciones cercanas al 8 por ciento, lo que implica “una leve ventaja al colocarlo aquí”. Sin embargo, esa diferencia no altera la referencia global como parámetro central. “El petrolero manda al mercado interno tantos barriles al precio con que se cotiza internacionalmente, o al que le dé un resultado indistinto de exportarlo o tenerlo acá”, describió.
En el precio final inciden también factores internos. “Cuando el petróleo baja tendría que bajar el combustible en el surtidor y cuando sube tiene que subir. Ahora, cuando baja no baja porque todavía quedan algunos ajustes por hacer y se aprovechan para hacerlos”, señaló en relación con la actualización de los impuestos específicos. A ello se suma el componente regulado de los biocombustibles.
Desde una mirada histórica e institucional, Jorge Lapeña, presidente del Instituto Argentino de la Energía General Mosconi, encuadró el fenómeno en más de un siglo de desarrollo energético. Recordó que la historia comenzó en 1907 con el descubrimiento en Comodoro Rivadavia, bajo la presidencia de José Figueroa Alcorta, y que la Patagonia fue durante décadas el corazón petrolero del país.
La creación de YPF, impulsada por el general Mosconi, fue -según Lapeña- la columna vertebral de un modelo que permitió alcanzar el autoabastecimiento y que incluso inspiró a YPFB, ANCAP y Petrobras. Con el avance de los no convencionales, el eje productivo se desplazó hacia Neuquén, mientras cuencas tradicionales como Mendoza -con su refinería en Luján de Cuyo- o Salta redujeron drásticamente su participación.
“Hoy entre el 60 y el 70 por ciento del petróleo proviene de Vaca Muerta”, precisó, y advirtió que ese corrimiento generó un “desbalanceo socioeconómico” en regiones históricas por la caída de la actividad y del empleo. Al mismo tiempo, sostuvo que el país profundiza su perfil primario al exportar crudo sin un plan industrial asociado.

Sobre la formación de precios, fue crítico: “No tenemos un sistema de mercado competitivo en el área del petróleo y del gas. Los precios son fijados en una forma antojadiza”. A su entender, tomar como referencia valores internacionales sin un mercado interno transparente impide que la cercanía al yacimiento o la puja competitiva incidan en el valor final. “El precio de la nafta en España o en Italia no debería ser suficiente para fijar el precio en Neuquén o en Buenos Aires”, planteó.
El diagnóstico queda resumido en sus propias palabras. “No van a vender nunca más barato acá y dejar de exportar”, afirmó Apud. Y Lapeña completó: “No tenemos un sistema de mercado competitivo; es una incógnita cómo se determina el precio en la Argentina”. Entre la lógica exportadora y la falta de competencia, el surtidor aparece como el eslabón donde el boom productivo todavía no encuentra traducción directa.
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