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Años atrás, cambiar de marca significaba la posibilidad de hacerse de una suculenta suma de dinero en premio a la decisión. La caída del uno a uno y el congelamiento de las pizarras echaron definitivamente por tierra el interés de las petroleras por este segmento. Si hasta el 2000 la salvación de los empresarios era cambiar de bandera, después del 2003 la consigna fue mantenerla
La convertibilidad de la moneda y la desregulación petrolera, iniciativas que impulsó Carlos Menem cuando estuvo al mando de la presidencia, despertó el interés de las compañías por el segmento minorista. La excelente rentabilidad que ofrecía la venta de combustibles y la libre disponibilidad para girar las divisas a las casas matrices de las empresas en el exterior eran un excelente argumento para adueñarse del rubro.
Por aquellas épocas era común que un expendedor reciba una millonaria oferta en dólares por los activos de su negocio. Sin embargo nadie quería desprenderse de una actividad que reportaba pingües ganancias y más de uno las rechazaba. La opción elegida era mudarse de bandera a cambio de una suculenta suma de dinero y la promesa de una remodelación acorde a las nuevas tendencias del mercado.
Todo se modificó a partir del 2001. La retracción económica alteró las variables del sector y muchos quedaron en la calle. Más tarde, la caída del uno a uno y el congelamiento de las pizarras que impuso Néstor Kirchner echaron definitivamente por tierra el interés de las compañías por este segmento. Si hasta el 2000 la salvación de los empresarios era cambiar de marca, después del 2003 la consigna fue mantenerla.
El mercado argentino está consolidado en 3.900 estaciones de servicio, de las cuales 1.400 son abastecidas por YPF, 660 Shell, 471 Esso, 360 Oil Combustibles y 200 Petrobras. Salvo por acuerdos de cúpula, como la venta de activos de Petrobrás o la inminente cesión de Esso a Bridas, la proporción se mantiene inalterable, a no ser por el crecimiento de las Blancas, que hoy conforman el 22.5 por ciento de los surtidores del país.
Tal como está diseñado hoy el mercado, los estacioneros claman por una bandera, sentencia Manuel García, titular de AESI, la entidad que nuclea a los empresarios que comercializan naftas y gasoil sin marcas. A aquellos que se les vence el contrato hoy rezan para que las petroleras no se lo rescindan y encima les dan las gracias, ironizó.
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