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Algunas privilegian la venta de productos Premium y otras la de combustibles tradicionales. La segmentación de la oferta ha producido modificaciones en el posicionamiento de las empresas. Avanzan las no integradas
Los requerimientos del mercado automotor han producido variantes en la estrategia de las empresas distribuidoras de combustibles. Mientras algunas reforzaron su apuesta a la venta de productos Premium, otras, en especial las no integradas, canalizaron la distribución en los derivados tradicionales.
Según datos provistos por
Para el caso de las naftas la diferencia entre la súper y la premium es mínima. La primera tiene 95 octanos, y la premium, entre 97 y 98, dependiendo de la marca. ¿Cuál cargar? El especialista Jorge Pandini explica que la de 95 octanos es suficiente de acuerdo a lo que recomiendan los manuales de los fabricantes. Para dar sólo un ejemplo: el manual del usuario del BMW Serie 5 GT con motor V8 biturbo de 407 CV de potencia máxima recomienda el uso de nafta sin plomo de 95 octanos (nafta súper), y aclara que también admite nafta de 91 octanos o más con hasta un máximo de 10 por ciento de etanol.
En el caso del diésel la cosa es bien distinta; en los surtidores se ofrece gasoil y gasoil premium. La diferencia esencial es la cantidad de azufre medida en partes por millón (ppm) que contienen. Mientras que el gasoil común tiene 500 ppm, el premium tiene apenas 50 ppm.
Aquí sí la diferencia es sustancial. Los motores diésel más refinados están equipados con filtros antipartículas (FAP) que les permiten cumplir con las normas europeas antipolución. Ese tipo de motores sufre graves deterioros con el gasoil común, y por eso varias empresas se abstenían de traer a
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