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Selló una alianza con la petrolera Copec en Chile para desplegar cargadores ultrarrápidos. El acuerdo vuelve a poner en evidencia las diferencias estructurales con el mercado argentino, donde la electromovilidad avanza pero aún sin el marco regulatorio, la infraestructura ni la escala necesarias para impulsar proyectos de ese alcance.
El anuncio del acuerdo entre Tesla y la petrolera chilena Copec para instalar cargadores ultrarrápidos en Estaciones de Servicio volvió a poner el foco en una diferencia que el sector energético argentino conoce bien: la brecha que aún separa al país de los mercados más desarrollados de la región en materia de electromovilidad. Mientras en Chile la iniciativa fue interpretada como un paso lógico dentro de una estrategia ya consolidada, en Argentina la pregunta que surge es por qué ese tipo de proyectos todavía no encuentra terreno fértil.
Para Diego Cosentino, especialista en electromovilidad, el punto de partida para analizar el caso chileno es entender el contexto en el que se da el acuerdo. En diálogo con Surtidores, señaló que se trata de una noticia muy reciente y que para un análisis más fino habría que conocer las condiciones específicas del contrato, pero remarcó que, aun así, existen diferencias estructurales claras entre ambos países.

“Chile es el mercado latinoamericano con más oferta y demanda de vehículos eléctricos, producto de distintos esquemas de regulaciones, incentivos y beneficios, especialmente en el transporte público”, explicó. Ese proceso, sostenido durante varios años, permitió construir un volumen de usuarios que justifica inversiones en infraestructura de carga de alta potencia, algo clave para que alianzas como la de Tesla y Copec resulten viables.
Otro factor determinante es la presencia directa de Tesla en el mercado chileno. “Ese escenario facilita este tipo de acuerdos”, sostuvo Cosentino. A eso se suma el desarrollo previo de una infraestructura eléctrica adecuada para soportar cargadores con requerimientos técnicos específicos, algo indispensable cuando se habla de potencias elevadas y tiempos de carga reducidos.
En contraste, el especialista reconoció que Argentina llega más tarde a ese escenario, aunque destacó que el proceso no está detenido. “Si comparamos con Argentina, venimos atrasados, pero con un crecimiento sostenido de la venta de autos eléctricos, especialmente por la exoneración de aranceles”, afirmó. Según su visión, el mercado local todavía se encuentra en una etapa de ordenamiento, donde la demanda crece pero aún no alcanza la escala necesaria para justificar grandes despliegues de infraestructura rápida en Estaciones de Servicio.

De todos modos, Cosentino se mostró convencido de que ese escenario puede cambiar en el mediano plazo. “Una vez que el mercado esté más maduro, seguramente vamos a tener muchos acuerdos en el sector, como el de Tesla y Copec”, anticipó. Para que eso ocurra, consideró fundamental que el proceso sea acompañado por políticas concretas, como una baja temporal de los aranceles de importación de cargadores y, en paralelo, el impulso a una mayor integración nacional para fabricarlos en Argentina.
Desde la óptica de las Estaciones de Servicio, el caso chileno funciona hoy más como un espejo que como una meta inmediata. Muestra hasta dónde puede llegar la electromovilidad cuando confluyen reglas claras, incentivos y demanda, y deja en evidencia que, en Argentina, el desafío no pasa solo por la tecnología, sino por crear las condiciones para que ese salto sea posible y sostenible.
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