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La incorporación de sistemas de almacenamiento de energía en baterías comienza a abrirse paso en el sector expendedor como una herramienta clave para reducir costos eléctricos y bajar la huella de carbono.
Mientras los estacioneros lidian con dificultades de costos y beneficios, comenzaron a explorar nuevas estrategias para mejorar su competitividad. Entre ellas, la eficiencia energética y la sustentabilidad se posicionan como ejes centrales de una transformación que empieza a ganar terreno en el sector.
Una de las iniciativas más innovadoras se desarrolla en Tucumán, donde el presidente de la Cámara de Expendedores de Combustibles de esa provincia, Sebastián Vargiú, puso en marcha en su propia Estación de Servicio un sistema de almacenamiento de energía en baterías conocido como BESS (Battery Energy Storage System).

El dirigente explicó a Surtidores que el objetivo principal es optimizar los consumos eléctricos, especialmente en establecimientos con altos picos de demanda. Según detalló, el sistema permite almacenar energía en un rack de baterías y liberarla cuando la demanda lo requiere, lo que resulta especialmente útil en estaciones que cuentan con compresores de GNC u otros equipos de alto consumo.
“Está indicado para establecimientos e industrias con picos de consumo producto de arranques de compresores, hornos, climatización fuerte o cámaras de frío”, sostuvo el estacionero.
Vale destacar que, en las estaciones duales o con GNC, el componente eléctrico representa una porción muy significativa de los costos operativos. De acuerdo con el dirigente tucumano, la potencia contratada puede llegar a explicar hasta el 70 por ciento de la factura eléctrica.
“El principal ahorro se produce por el ‘peak shaving’, es decir el recorte de potencia máxima. La batería descarga energía en los momentos de mayor consumo, como el arranque del compresor de GNC, lo que permite reducir la potencia contratada en más de un 50 por ciento”, explicó. “También puede utilizarse como backup antes cortes de red, proporcionando energía a sectores críticos con una autonomía superior a las seis horas”, agregó.

UN LABORATORIO DE EFICIENCIA ENERGÉTICA
El proyecto se desarrolla en dos estaciones del Grupo DANOVIS S.A., ubicadas en la intersección de las avenidas Francisco de Aguirre y Muñecas, en San Miguel de Tucumán. Allí, se implementó una estrategia integral de eficiencia energética.
El arquitecto Alexis Custodio, gerente de DECU/3, explicó a este medio que la variable energética se convirtió en un factor determinante para la economía de las Estaciones de Servicio.
“Hoy el recurso energético se ha vuelto estratégico para una Estación de Servicio. Las más chicas pueden pagar entre cuatro millones de pesos por mes de electricidad y las más grandes entre doce y catorce millones en el norte del país. Por eso la variable eléctrica se transformó en una variable económica central”, afirmó.
El especialista detalló que la tecnología aplicada busca dar herramientas concretas para administrar mejor el consumo. “La eficiencia energética hoy no se trata de apagar sistemas o desenchufar equipos, sino de utilizarlos de la manera más inteligente posible sin resignar comodidad ni calidad de servicio”, remarcó.
Custodio advirtió además que las nuevas estaciones demandan cada vez más energía debido a los estándares de diseño actuales. “Los nuevos modelos arquitectónicos de estaciones, especialmente los más modernos, tienen una fuerte dependencia energética, sobre todo por los sistemas de iluminación y por la cantidad de equipamiento eléctrico que utilizan”, indicó.
Según comentó el ejecutivo, la estructura de una factura eléctrica en una Estación de Servicio suele dividirse en tres componentes similares: un tercio corresponde a la potencia contratada, otro tercio al consumo de energía y el resto a tasas e impuestos.
“Cuando se instalan paneles solares se trabaja principalmente sobre el costo de la energía consumida, es decir sobre un tercio de la factura”, explicó.

EL DESAFÍO DEL COMPRESOR DE GNC
El verdadero problema, según el experto, aparece en las estaciones que cuentan con GNC, donde el compresor dispara la potencia contratada. “El compresor de gas no funciona todo el tiempo. Se enciende cada vez que arranca el proceso de compresión. En un día malo puede arrancar unas 30 veces y en un día de muy buenas ventas hasta 60 veces”, explicó.
Sin embargo, ese arranque momentáneo obliga a contratar una potencia eléctrica mucho mayor. “Solamente por ese arranque del compresor, una estación que podría funcionar con 30 o 40 kilovatios tiene que contratar 140 o 150 kilovatios de potencia”, detalló.
Frente a ese escenario es donde entra en juego la tecnología BESS, que actúa como un “reservorio de energía”. El sistema funciona como una batería de gran capacidad que absorbe los picos de demanda eléctrica, permitiendo reducir la potencia contratada de 140 kW a apenas 50 kW.
Además, ante un corte de suministro eléctrico, responde en menos de cuatro milisegundos, permitiendo que la estación continúe operativa con una autonomía que puede alcanzar hasta ocho horas.
En paralelo, en la estación dedicada exclusivamente a combustibles líquidos se instaló un sistema fotovoltaico de 50 kW, compuesto por 96 paneles solares de 590 Wp y un inversor de última generación. Las estimaciones indican que este esquema permitirá un ahorro cercano al 37 por ciento del consumo anual de energía, impactando directamente en los costos operativos.
De acuerdo con los especialistas, el período de recupero de la inversión ronda entre cuatro y cinco años, un plazo considerado razonable en un contexto de fuerte incremento de los costos energéticos.
El dato cobra relevancia si se tiene en cuenta que durante el último año la potencia contratada aumentó cerca del 50 por ciento, mientras que el costo del kilovatio hora registró una baja cercana al 12 por ciento.
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