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Cómo impactan las nuevas tendencias en las decisiones de modernización, desde ajustes mínimos hasta reconversiones completas.
El modelo de Estaciones de Servicio que separaba playa, tienda y servicios quedó atrás frente a una transformación más profunda que combina cambios en el parque automotor, nuevas formas de consumo y la incorporación progresiva de otras energías.
El resultado es un giro en la forma de proyectar: la estación deja de ser un punto de carga para convertirse en un espacio donde el cliente permanece más tiempo, consume más servicios y exige mayor calidad en la experiencia.

“Cuando la estación se piensa sólo como una obra y no desde la experiencia completa, la operación se reciente y finalmente impacta en la rentabilidad”, advierte el arquitecto Patricio Pon. En diálogo con Surtidores, el titular de PON – Estudio de Arquitectos sostiene que uno de los cambios que ya está impactando en el diseño es el aumento del tiempo de permanencia.
La carga eléctrica introduce estadías de entre 20 y 40 minutos, muy por encima de los tiempos tradicionales de carga de combustibles líquidos. Este factor modifica desde la disposición de la playa hasta la oferta de servicios.
A la vez, el crecimiento de vehículos de mayor porte obliga a revisar dimensiones, radios de giro y circulación interna. Muchas estaciones existentes empiezan a quedar justas para las nuevas condiciones de operación. Frente a esto, optimizar recorridos, eliminar cruces innecesarios y ordenar los accesos pasa a ser una necesidad concreta más que una mejora opcional.
Incluso con presupuestos acotados, hay intervenciones que impactan de forma directa en el funcionamiento. Por ejemplo, mejorar la iluminación, clarificar accesos, ordenar circulaciones y reorganizar la tienda permite modificar la experiencia del cliente sin obra pesada.
“Muchas veces no hace falta construir más metros, sino usar mejor los que ya existen”, resume Pon. Este tipo de ajustes reduce fricciones en la operación diaria y facilita la toma de decisiones del cliente, lo que se traduce en mayor rotación y mejores resultados comerciales.
También aparece un aspecto menos visible: mejorar las condiciones del personal -espacios de guardado, descanso y circuitos internos- incide directamente en la calidad de atención.
Cuando el presupuesto lo permite, el foco se desplaza hacia la generación de nuevos ingresos. La incorporación de cafeterías, áreas de espera, espacios semicubiertos o servicios vinculados al e-commerce responde a un cambio concreto: el cliente permanece más tiempo y ese tiempo puede convertirse en consumo.

“La experiencia del usuario es clave para favorecer la rentabilidad y la identidad de la estación, es decir: para que nos elijan más”, señala el arquitecto. En este nivel también cobra importancia la elección de materiales. Optar por soluciones durables y de bajo mantenimiento evita costos futuros que suelen aparecer cuando estas decisiones se postergan.
“La estación concebida para una única matriz energética, tiene fecha de vencimiento”, enfatiza Pon y agrega que diseñar una estación pensando solo en el surtidor, sin contemplar la tienda o futuras ampliaciones, reduce las posibilidades de crecimiento. La falta de flexibilidad complica la adaptación a nuevas demandas.
“En este contexto, la modernización deja de ser una cuestión estética para convertirse en una decisión que atraviesa toda la operación”, concluye el referente de PON Arquitectos.
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