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Su actualización fue presentada como un alivio para asalariados y PyMES, pero al contrastarla con la inflación acumulada y la suba del dólar, en el sector de las Estaciones de Servicio advierten que el beneficio real es limitado y que la presión tributaria sigue intacta.
La discusión sobre el Impuesto a las Ganancias volvió al centro de la escena económica con la actualización de mínimos no imponibles y deducciones aplicada en 2025. El Gobierno presentó la medida como un gesto de alivio fiscal que permitiría que los salarios más bajos quedaran fuera del tributo y que las pequeñas empresas respiraran frente a la inflación. Sin embargo, cuando el ajuste se analiza en relación con la suba de precios y la depreciación del peso frente al dólar, en el sector estacionero emerge una lectura más crítica: el desfasaje acumulado termina diluyendo el impacto positivo y deja a más trabajadores y empresas, alcanzados por el impuesto.
En 2025, la actualización del Impuesto a las Ganancias —el tributo que grava rentas y sueldos en Argentina— fue anunciada como una señal concreta de alivio fiscal. Los mínimos no imponibles y las deducciones crecieron en línea con el índice de precios al consumidor, lo que permitió que los trabajadores comenzaran a tributar recién a partir de ingresos superiores a aproximadamente 1,89 millones de pesos netos mensuales, frente a un piso sensiblemente menor en 2024. El ajuste buscó compensar la inflación acumulada del año anterior, aunque se aplicó con una metodología parcial y en dos tramos semestrales.

No obstante, al cruzar ese incremento nominal con la inflación real y el salto del tipo de cambio, tanto oficial como alternativo, el alivio se relativiza. En términos de poder adquisitivo los montos actualizados crecieron menos que los precios, lo que provoca que cada vez más trabajadores y pequeños negocios queden alcanzados por el tributo.
Este fenómeno ya se observa con claridad en sectores como el de las Estaciones de Servicio, donde incluso empleados con salarios medios comienzan a enfrentar retenciones. Para los estacioneros, la combinación de aumentos salariales necesarios para no perder frente a la inflación y escalas impositivas que no acompañan plenamente ese proceso, termina generando un efecto no deseado: más trabajadores tributan Ganancias sin que ello implique una mejora real en su capacidad de consumo.
En este contexto, el debate se enlaza con una discusión tributaria más amplia. El abogado tributarista especializado en hidrocarburos Tomás Balzano, advirtió a Surtidores que, si bien los cambios propuestos en la reforma fiscal —como la rebaja de alícuotas de Ganancias para sociedades a partir de 2026— pueden interpretarse como pasos en la dirección correcta, no resuelven de fondo la elevada presión impositiva que pesa sobre las Estaciones de Servicio.
Balzano subrayó que uno de los principales problemas es la complejidad de la carga tributaria provincial y municipal, un componente que no se ajusta con la misma periodicidad que el impuesto nacional. Tasas, contribuciones y gravámenes locales se acumulan sobre la estructura de costos y, en conjunto con Ganancias, terminan condicionando la competitividad de la actividad y frenando decisiones de inversión en infraestructura y servicios.
Desde la mirada sectorial, la actualización nominal del mínimo no imponible y de las escalas fue bien recibida en los operadores, pero resulta insuficiente frente a una economía atravesada por inflación persistente y un dólar que no deja de ganar terreno frente al peso. Muchos estacioneros advierten que, pese a los ajustes, la masa salarial y los costos impositivos siguen erosionando los márgenes de rentabilidad.
En algunos casos, incluso, los aumentos de sueldos que logran empatar o superar levemente la inflación empujan a más empleados al pago del impuesto, con un impacto directo sobre el consumo interno y la capacidad de reinversión de las empresas. El efecto termina siendo doblemente negativo: menos margen para el trabajador y menos oxígeno financiero para el empleador.
Para el especialista, la clave está en una comparación que muchas veces queda fuera del discurso oficial: cuánto crecieron efectivamente los tramos de Ganancias frente a la inflación anual y frente a la depreciación del peso contra el dólar. Aunque los números del Gobierno muestran aumentos semestrales atados al IPC, desde el sector señalan que no siguieron el ritmo de la devaluación real, lo que implica un recorte implícito del alivio fiscal anunciado.

Esa brecha se traduce en más trabajadores alcanzados por Ganancias y en mayor presión sobre los costos operativos de las Estaciones de Servicio, que además deben enfrentar impuestos locales y cargas adicionales que no se actualizan de manera automática ni coordinada.
El entrevistado concluyó en que lo que desde el Gobierno se presentó como un avance hacia una mayor justicia tributaria y una actualización de pisos imponibles, en los surtidores se percibe como un parche que no logra cubrir el desfasaje acumulado frente a la inflación y el dólar. “Sin una reforma más amplia y coordinada que contemple montos que reflejen de manera real la depreciación del peso y el peso de los tributos locales, el impuesto seguirá siendo, para el mercado de Estaciones de Servicio, un factor que limita el dinamismo y desalienta la inversión”, sentenció.
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