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Así se refirió el ex secretario de energía respecto a las consecuencias que podrían sufrir las estaciones de servicio tras el desembarco del estado en YPF. Considera que la politización del manejo de la compañía llevaría a los expendedores a transformarse en la variable de ajuste
La estatización parcial de YPF no garantiza por si sola mejoras en el abastecimiento de combustibles. El gran desafío del Gobierno pasa por demostrar que su mano directriz es más eficiente que la de los grupos privados – como Repsol – y tendrá para ello que encontrar respuestas a dos problemas difíciles de solucionar: mantener los precios bajos en el surtidor, para evitar la molestia social por el aumento de los combustibles, pero a la vez dar señales a los inversores para seducir a los capitales a participar de la actividad pensando en un negocio para el largo plazo.
En este marco de inseguridad y de inestabilidad es que se encuentran las estaciones de servicio. En su mayoría las cámaras empresarias del sector manifestaron abiertamente su apoyo a la decisión del oficialismo de intervenir en el mercado pero sin embargo en off reconocen la incertidumbre de lo que pueda ocurrir en el futuro.
Daniel Montamat, experto en energía y ex director de la empresa, explicó que el porvenir de los expendedores va a depender de si se politiza o no YPF. En el corto plazo entiende que pueden tener ventajas, sobre todo por los esfuerzos en aumentar los envíos de combustibles y por la posibilidad de negociar alguna reivindicación histórica del sector. Pero analizando la situación desde una mirada estructural advierte que en el largo plazo van a perder.
El análisis que hace hoy Montamat es que si se utiliza YPF para sostener las cuentas públicas el ajuste va a caer sobre el eslabón más débil de la cadena, es decir, las estaciones de servicio. De ahí que plantea como un eje central la forma en que se administre la empresa. Si no se actúa de manera profesional no habrá mejoras, alerta.
El ex ejecutivo de YPF plantea un panorama complicado por los distintos intereses que al interior del Gobierno pujan por el control de la compañía. Por un lado asegura que hay funcionarios que proponen darle viabilidad, promoviendo señales de precios a las petroleras, principalmente a los productores de gas natural, que hoy son los más retrasados en la rentabilidad, pero también aclara que una parte del oficialismo encara la temática desde un punto de vista político, en el que se buscará no incrementar las costos al público. Después de todo, si
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