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Un estudio de la Universidad Austral indica que el aumento del crudo en marzo impactó solo de forma parcial en el surtidor. Analiza que la disminución reciente podría permitir revisar la dinámica de precios sin comprometer el equilibrio del sector.
La reciente corrección del petróleo internacional comenzó a generar nuevas lecturas dentro del mercado de combustibles. Más allá de la expectativa del consumidor sobre una eventual reducción de precios, en el ámbito de las Estaciones de Servicio aparece otra variable que gana importancia: cómo aprovechar una etapa de menor presión internacional para consolidar ventas, recuperar estabilidad a futuro y sostener márgenes operativos en un negocio cada vez más sensible al volumen comercializado.
Así lo muestra un sondeo elaborado por el equipo encabezado por Roberto Carnicer, director del Instituto de Energía de la Universidad Austral, que analizó el comportamiento comparado entre la evolución del precio del barril WTI y la nafta súper comercializada durante los últimos meses y concluyó que el traslado del shock petrolero internacional hacia el surtidor fue parcial y concentrado en un período muy específico.

El estudio toma como referencia los valores de la nafta súper de YPF en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y los cruza con la evolución mensual del petróleo internacional. El primer dato que destaca es temporal: la caída más pronunciada del WTI no ocurrió durante todo el ciclo febrero-junio sino que se concentró en los días posteriores al 12 de junio, cuando comenzaron a aparecer señales de una eventual normalización del mercado energético global.
Según el relevamiento, entre febrero y marzo el petróleo registró una suba del 41,7 por ciento mientras que el incremento de la nafta súper alcanzó el 24,2 por ciento. Eso significa que el surtidor acompañó aproximadamente el 58 por ciento del movimiento del crudo internacional.
Según dijo a Surtidores el investigador, “la observación resulta especialmente relevante para el negocio estacionero porque permite dimensionar que la formación del precio final responde a una estructura más compleja que la simple variación del barril”. Comentó que tanto la refinación, como los impuestos, la logística, las decisiones comerciales y las condiciones de mercado terminan definiendo el valor que finalmente enfrenta el consumidor.
Desde esa perspectiva, el informe interpreta que durante marzo el sistema absorbió una parte del impacto internacional y que posteriormente el mercado local optó por una trayectoria de mayor estabilidad.
El documento muestra que luego del ajuste inicial prácticamente no se registraron nuevos movimientos significativos en surtidor pese a que el petróleo permaneció durante abril y mayo en niveles elevados. Mientras el WTI siguió exhibiendo volatilidad, la nafta mantuvo un recorrido mucho más contenido.

Al respecto, Carnicer consideró que para las Estaciones de Servicio esa situación adquiere un valor estratégico. “En medio de una demanda todavía sensible a las variaciones de precios, evitar correcciones permanentes permite sostener frecuencia de carga, mejorar previsibilidad para el cliente y facilitar la administración de inventarios, costos y flujo de caja”, explicó.
Los datos presentados por la Universidad Austral muestran que la nafta súper pasó de 1.609 pesos por litro en febrero a 2.043 pesos al 12 de junio, una variación acumulada del 27 por ciento, mientras el WTI pasó de 64,51 dólares por barril a 84,88 dólares, equivalente a una suba del 31,6 por ciento, aunque con oscilaciones superiores durante algunos momentos del período.
El trabajo también ensaya escenarios teóricos ante la baja reciente del petróleo. Si se replicara el mismo nivel de traslado observado durante marzo, el precio de referencia podría encontrar un margen potencial de reducción cercano a los 117 pesos por litro. El estudio aclara expresamente que se trata de un ejercicio analítico que no incorpora modificaciones en impuestos, tipo de cambio, biocombustibles, costos logísticos ni márgenes de refinación.

En esa línea, el informe evita plantear una relación automática entre petróleo y surtidor y propone observar la evolución con criterios de simetría y gradualidad.
Sobre ese punto, Carnicer destacó que la discusión central no debería pasar por una traslación inmediata sino por construir reglas previsibles para todos los actores del sistema. “La pregunta ya no es si se justificaba el aumento de marzo, sino qué parte de la baja internacional puede llegar al consumidor y en qué plazo. Marzo absorbió sólo una parte del shock del crudo y luego la nafta se mantuvo relativamente contenida. La baja reciente del WTI abre una ventana para revisar precios. No necesariamente para una reducción plena, pero sí para evaluar una baja parcial o, como mínimo, para evitar nuevos aumentos mientras el petróleo se estabiliza en niveles menores”, concluyó el entrevistado.
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