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El movimiento que genera la Semana de Turismo, genera un cambio sistémico en la demanda que empieza en la ciudad y termina en el destino.
Para muchos operadores, estas fechas son sinónimo de “despachar más“. Sin embargo, en diálogo con Surtidores, la consultora y estratega especializada en la actividad, Laura Crespi, esta visión es una miopía operativa que drena la rentabilidad real.
“Durante estos días, las estaciones dejan de vender combustible y empiezan a vender soluciones. El cliente entra en un estado de consumo emocional y urgente donde el análisis racional de precios desaparece frente a la necesidad de resolución inmediata, ya sea en la estación de su ciudad antes de salir o en la ruta misma“, afirmó.

EL VIAJE EMPIEZA EN LA CIUDAD, PUEBLO O BARRIO: LA OPORTUNIDAD DE LA SALIDA
Según la misma, un error común es pensar que el “negocio de temporada” es potestad de las estaciones de carretera. Para el operador urbano, el viernes de salida es el momento de máxima influencia.
El cliente está en “modo hiper-resolución”. Busca combustible, aire, agua y el snack del camino en un solo lugar para no detenerse luego. “Si tu estación solo le da el combustible, le estás regalando la venta de la tienda a la competencia en la ruta. Como señala Philip Kotler, la lealtad no se hereda, se diseña en cada punto de contacto”, explicó la profesional.
Contrario a la creencia de que el viajero cuida el bolsillo al extremo, los datos del sector demuestran que el consumidor en tránsito incrementa su disposición al gasto. Los estudios de tendencias demuestran que 2 de cada 3 clientes que entran al local lo hacen atraídos por la tienda, no por el surtidor.
El viaje se percibe como un espacio de permiso fuera del presupuesto habitual. El cliente filtra por utilidad y gratificación. El diseño del entorno dicta la velocidad de la compra. Si la tienda está organizada para el “agarre rápido” y elimina la fatiga de decisión, el ticket de la góndola sube naturalmente: el cliente gasta más donde menos tiempo siente que pierde.
REINGENIERÍA HUMANA: DE LA NECESIDAD BÁSICA AL TICKET DE TIENDA
La especialista remarcó que el éxito depende de la ingeniería de la elección. Aquí es donde la estación debe decidir si quiere ser solo un servicio público o un negocio de conveniencia rentable.
“Si la experiencia termina en el baño, la estación perdió dinero en mantenimiento y personal. La reingeniería consiste en diseñar un flujo donde el cliente, al salir del sanitario, se encuentre con una oferta irresistible en la tienda. La ubicación de los servicios básicos debe obligar al ojo a recorrer los productos de mayor margen”, explicó Crespi.
La misma sostuvo dos puntos importantes:

SOBERANÍA DEL NEGOCIO VS. REACCIÓN OPERATIVA
“Operar un fin de semana extraordinario con lógica de día normal es un suicidio comercial. La soberanía del negocio reside en las variables que el operador sí controla: la velocidad de respuesta y la capacidad de su equipo para vender soluciones, no solo para atender despachos”, relató Crespi.
Asimismo la misma hizo énfasis que en momentos de alta demanda, la diferencia entre el éxito y el agotamiento operativo es la preparación de la estructura. Gestionar esta complejidad requiere reingeniería: cuando los equipos se saturan y la rentabilidad se diluye, es la señal de que el negocio debe evolucionar hacia una profesionalización estratégica.
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