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Consideran que el desembarco del estado en la empresa va a condicionar al mercado. La incertidumbre pasa por los cambios que se puedan producir en torno a varios factores que inevitablemente podrían incidir sobre las otras marcas: precios bajos, presiones sobre el abastecimiento, mayores exigencias técnicas y desprotección política. Por el momento, son todas suposiciones
Quizás ni el mismo Gobierno sabe cómo va a gestionar la empresa. Circulan muchas versiones y las declaraciones de los funcionarios son tomadas con cierta cautela, ante la falta de confianza que genera una administración que hasta hace muy poco elogiaba la política energética. Desde el sector prefieren esperar antes de dar opiniones apresuradas.
No obstante, tomando en cuenta la política de los últimos años, se pueden arriesgar algunas hipótesis sobre las valoraciones que tendrá el Ejecutivo sobre la empresa que ahora controla.
El motivo fundante de la expropiación sobre el grupo Repsol tiene que ver con la salida de divisas que genera la importación de energía. En este marco es de esperar que el Gobierno presione al resto de las petroleras con el objetivo de incrementar la producción de combustibles en un lapso no muy prolongado de tiempo.
El ejecutivo, a través de YPF, no saldría a comprar de manera indiscriminada productos en el exterior, por más que las necesidades de combustibles sean importantes como hasta ahora. La Secretaría de energía sería la encargada de presionar a las compañias.
Sería intención del Ejecutivo que los precios de las naftas se mantengan en niveles bajos. Según estiman fuentes del sector no van a tocar las pizarras durante algunos meses para evitar tapas de los diarios en contra. Esto afectaría al resto de las compañías porque la demanda se seguiría concentrando en las bocas de YPF, donde los costos están hasta un 20 por ciento por debajo del resto de las marcas.
Otro tema que preocupa a las empresas de la competencia tiene que ver con la política de subsidios. En caso de que el oficialismo decida vender barato, como política de impulso o fomento, obligaría a las petroleras a ofrecer los productos al mismo precio para no perder clientes. Un caso paradigmático es el de Aerolíneas Argentinas, ya que el gobierno manifestó su intención de abastecerla a un precio diferenciado.
El mercado estará ahora más condicionado que antes. Si bien no puede decirse que esta regulado, porque las compañías tienen libertades comerciales, ahora el estado tendrá mayor injerencia en los asuntos de la actividad y podrá direccionar el rumbo petrolero.
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