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La expansión de los vehículos eléctricos en Uruguay no solo transforma la forma de cargar energía, sino también el rol comercial de los emblemas, que comienzan a diversificar servicios y generar ingresos más allá del combustible tradicional.
La movilidad eléctrica dejó de ser una promesa futura para convertirse en una realidad en Uruguay, y con ella surge un nuevo escenario para las Estaciones de Servicio. Según explicó a Surtidores, el especialista en movilidad eléctrica Sebastián Lattanzio, “el negocio ya no pasa únicamente por vender energía, sino por repensar todo el modelo de servicios alrededor del vehículo eléctrico”.
En ese marco, el crecimiento del parque enchufable obliga a revisar estrategias operativas y comerciales, abriendo oportunidades vinculadas a la carga nocturna, la atención de flotas y la articulación con actores públicos y privados.

LA CARGA NOCTURNA COMO SERVICIO EMERGENTE
Uno de los nichos con mayor potencial es la disponibilidad de lugares de carga durante la noche. Lattanzio señaló que algunas zonas urbanas ya funcionan, en los hechos, como puntos de estacionamiento prolongado para taxis o vehículos de aplicaciones.
“Si una estación tiene lugares disponibles por la noche, puede transformarlos en espacios de carga lenta a menor costo. Esto permite monetizar horas ociosas y captar usuarios que no tienen dónde cargar en su casa”, explicó.
Esta modalidad permitiría generar ingresos estables sin necesidad de grandes inversiones en infraestructura de alta potencia, al tiempo que ampliaría la base de clientes del establecimiento.
UN MERCADO EN EXPANSIÓN
Otro frente de crecimiento está vinculado a las flotas de transporte y distribución que avanzan hacia la electrificación. El especialista anticipó que las estaciones podrán convertirse en nodos de carga para utilitarios, camiones livianos y vehículos de reparto.
“Así como hoy existen circuitos logísticos de abastecimiento tradicionales, también va a haber circuitos de carga eléctrica para flotas. Ese segmento asegura demanda constante y acuerdos comerciales de largo plazo”, sostuvo.
Para los operadores, esto representa la posibilidad de ingresos previsibles y relaciones estables con empresas de transporte, logística urbana y servicios de última milla.
CONVENIOS Y MODELOS DE GESTIÓN FLEXIBLES
En este sentido, Lattanzio remarcó que las estaciones pueden articular tanto con el sector público como con empresas privadas, e incluso desarrollar esquemas de cooperación entre estacioneros.
“No necesariamente hay que convenir solo con UTE. También pueden participar empresas privadas o acuerdos entre estaciones. Cada ubicación puede tener su propio modelo de negocio”, afirmó.
Esta flexibilidad habilita desde cobros por uso del espacio hasta paquetes integrados de servicios asociados a la carga.

DE EXPENDEDORAS DE COMBUSTIBLE A CENTROS DE SERVICIOS
Por otro lado, este avance acelera una transformación más profunda: la Estación de Servicio como plataforma integral para el conductor. La permanencia prolongada durante la carga favorece el consumo en tiendas, cafeterías y otros servicios.
“El verdadero negocio está en el tiempo que el cliente permanece en la estación. Tener a un usuario durante una hora abre oportunidades en café, supermercado, pagos o servicios financieros”, señaló.
Aun así, aclaró que la transición será gradual: “los combustibles tradicionales van a seguir presentes durante décadas, pero la diversificación comercial empieza ahora”.
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