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A un año y medio de su nacionalización, la petrolera plasmó los objetivos propuestos por su presidente Miguel Galuccio para dar respuestas a las demandas del mercado. También mejoró la comunicación con los expendedores y algunos aspectos de la relación comercial, aunque restan cuestiones por resolver
El 16 de abril de 2012, Cristina Fernández de Kirchner presentaba el proyecto de ley de “Soberanía Hidrocarburífera de la República Argentina” con el objetivo de promover la estatización de YPF argumentando que Repsol mantenía una insuficiente inversión y una escasa producción, lo que hizo que en el 2011 —por primera vez desde que se privatizó la empresa en los años 90— Argentina tuviera que importar más gas y petróleo que el que producía.
Consumada la expropiación del 51 por ciento de las acciones en poder del grupo español, Miguel Galuccio asumió como CEO de la compañía. Con un plan estratégico bajo el brazo, proyectó llevar la producción de naftas, gasoil y fuel oil de 11,4 millones de metros cúbicos a 16,3 millones en cinco años y la utilización en las refinerías del 89 al 98 por ciento, además de aumentar un 10 por ciento la comercialización de combustibles.
A tan sólo 18 meses de ese hito, las estadísticas le van dando la razón. Según la Secretaría de Energía, en agosto las ventas en las estaciones de servicio subieron 9 por ciento respecto al mismo mes pero de 2011 cuando la compañía aun era gestionada por Repsol superando la media del mercado, que en este período creció en promedio 6 por ciento.
Algo similar sucedió con la obtención de subproductos a pesar del incendio sufrido en el Complejo Industrial La Plata que afectó la producción de manera considerable. De acuerdo a datos oficiales, la obtención de nafta súper por parte de YPF escaló 21 por ciento, una cifra que se ubica por encima del nivel general del 15.
El desempeño de la empresa también mejoró en su relación con los operadores. La nueva gestión mantiene abierto el canal de diálogo con los estacioneros y en ese marco se lleva adelante una agenda de temas en análisis con especial hincapié en las bocas de menor volumen, intención que se vio plasmada en una ayuda económica de $ 15.000 y $ 10.000 para aquellas con ventas de 200 y 300 m3 mensuales respectivamente y la actualización del crédito comercial.
Los empresarios, sin embargo, consideran que la medida resulta insuficiente para solucionar el grave problema de rentabilidad por el que atraviesan. “Si bien durante 2012 se obtuvieron cambios, creemos que aun deben realizarse mejoras de carácter general para sostener y recomponer la situación de la red”, opinaron desde la AOYPF, una institución que nació a los pocos días de la estatización de la petrolera.
“No obstante nuestro balance es positivo” manifestó el presidente de la entidad Juan Pablo Fantini. “Estamos muy ilusionados con el cambio de orientación que ha tomado la conducción de la compañía, la apertura que hemos logrado es para nosotros sumamente importante, sobre todo luego de una gestión como la anterior la cual estuvo marcada por la arbitrariedad, unilateralidad, el abuso e incumplimiento de la palabra y hasta de los contratos firmados, donde inexplicablemente los operadores fuimos ubicados como contraparte de la compañía, cuando en realidad somos y nos sentimos parte, porque somos la cara visible YPF ante mas de un millón de clientes que nos visitan diariamente”, remarcó.
El directivo concluyó que “estamos muy esperanzados en que transitamos el camino correcto para reconstruir una relación de YPF con su red, basada en la razonabilidad y respeto mutuo que sin dudas nos permitirá convertir nuevamente a YPF en la gran petrolera argentina que fue en el pasado y de la cual todos nos sentimos orgullosos”.
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