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Cuando llegó el momento de actuar, el equipo supo exactamente qué hacer. Los casos revelan cómo el entrenamiento periódico puede convertir al personal en una respuesta decisiva frente a una emergencia.
Hay aprendizajes que no mejoran el ticket promedio ni reducen una fila, pero cambian por completo la calidad del servicio, marcando para siempre la vida de las personas. En Leveal SA, la preparación del equipo demostró su alcance cuando dos situaciones inesperadas requirieron una respuesta rápida.
Trabajadoras de la compañía asistieron a un niño de entre uno y dos años y a una mujer adulta que presentaron obstrucciones respiratorias. En ambos casos, aplicaron la maniobra de Heimlich y lograron resolver los episodios antes de la llegada de la asistencia médica.
Las intervenciones fueron el resultado de un esquema que incluye al personal de playa y tienda. La empresa organiza dos formaciones anuales sobre RCP y Heimlich, además de incorporar repasos cada 45 días.

La primera situación se produjo mientras una familia numerosa almorzaba en una de las instalaciones. Uno de los niños comenzó a presentar dificultades para respirar y sus allegados intentaron asistirlo por sus propios medios.
Una trabajadora advirtió lo que ocurría y pidió autorización para intervenir, aunque inicialmente la familia prefirió continuar intentando ayudarlo. La empleada permaneció cerca y observó la evolución hasta comprobar que el niño seguía sin poder respirar.
En ese momento se acercó, lo tomó y aplicó la maniobra hasta conseguir liberar la vía aérea. Habían transcurrido aproximadamente 30 días desde la última formación, por lo que la secuencia que debía seguir todavía se encontraba presente.
El segundo episodio tuvo como protagonista a una mujer adulta. Su acompañante no supo cómo asistirla y los demás comensales quedaron paralizados ante una situación que evolucionaba rápidamente.
Desde otro sector del salón, una integrante del equipo detectó la dificultad y siguió atentamente los primeros intentos de ayuda. Al observar que no conseguían resolverla, se dirigió hasta la mesa y realizó la maniobra sin demora.
La obstrucción cedió en el segundo intento. La trabajadora tenía una contextura corporal menor que la mujer asistida, pero eso no impidió que ejecutara correctamente el procedimiento.
Yamil Casternovo, responsable de Recursos Humanos de Leveal S.A., sintetizó el aprendizaje que dejó esa intervención: “Lo que cuenta es saber realizar la práctica, sin importar la fuerza o contextura física”.
Los videos de ambos episodios permitieron revisar posteriormente las reacciones y comprobar cómo el entrenamiento redujo las dudas en los momentos de mayor urgencia. Mientras quienes presenciaban las escenas no encontraban la manera de colaborar, las trabajadoras pudieron reconocer el problema y aplicar una respuesta conocida.
En diálogo con Surtidores, Casternovo reconoció que “repasar estos casos da muchas ganas de seguir capacitando al personal en primeros auxilios. Uno piensa que nunca va a pasar, pero estar capacitado hace actuar seguro al personal, sin dudarlo”.
La formación es impartida por un licenciado en Seguridad e Higiene mediante un servicio tercerizado. Los contenidos alcanzan tanto a quienes atienden la tienda como a los trabajadores que se desempeñan en la playa.
El procedimiento interno también establece responsabilidades para evitar improvisaciones. El ejecutivo explicó que el encargado debe comunicarse inmediatamente con el SAME, mientras el resto del equipo brinda soporte y aplica las técnicas correspondientes cuando la situación coincide con los conocimientos adquiridos.
De esta manera, la actuación inicial no busca reemplazar la asistencia profesional. Su función es ofrecer una respuesta durante los minutos previos, ordenar la escena y sostener a la persona afectada hasta que pueda recibir atención médica.
La preparación se complementa con la instalación de un Desfibrilador Externo Automático en la sucursal de Carmen de Areco. El dispositivo se encuentra en el centro del salón, al alcance del personal y de las personas que circulan por el establecimiento.
El valor actual del equipo ronda los $2,5 millones. Su incorporación demandó una instrucción inicial y los conocimientos necesarios para utilizarlo se actualizan periódicamente junto con el resto de los contenidos.
Casternovo detalló que todos los trabajadores se encuentran preparados para operarlo y que el propio dispositivo guía al usuario durante cada paso. El mantenimiento habitual consiste en reemplazar las baterías una vez que alcanzan su fecha de vencimiento.

Aunque los casos relatados fueron resueltos mediante la maniobra de Heimlich, la disponibilidad del DEA amplía el protocolo ante otras emergencias médicas. Su ubicación visible busca reducir el tiempo necesario para localizarlo y comenzar una intervención.
La prevención también se integra al modelo de seguridad promovido por Shell en su red nacional. “Esa cultura nos motiva a mantener una postura altamente proactiva en materia de Seguridad e Higiene”, manifestó el referente de Leveal S.A..
Ese enfoque fue acompañado por la renovación de la certificación bajo una norma ISO de Gestión de Calidad. Para la operadora, la formación continua, la disponibilidad de equipamiento y la definición previa de responsabilidades forman parte de una misma organización del trabajo.
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