Activar/Desactivar Leer Página
Con ajustes mensuales atados a la inflación, el dólar y la estacionalidad, dejó de ser un gasto secundario para convertirse en uno de los principales factores que condicionan la rentabilidad del negocio.
La decisión del Gobierno nacional de aplicar un nuevo ajuste en las tarifas de los servicios públicos desde julio volvió a poner el foco sobre uno de los costos que más viene creciendo para las Estaciones de Servicio. El gas aumentó en promedio un 3 por ciento en todo el país y la electricidad un 1,5 por ciento en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Sin embargo, más allá del porcentaje aplicado este mes, lo que realmente preocupa al sector es que las boletas seguirán indexándose de manera periódica bajo el nuevo esquema tarifario.
Hasta hace pocos años la electricidad era un gasto más dentro de la operación. Hoy ya integra el podio de los costos de muchas Estaciones de Servicio. El funcionamiento ininterrumpido de surtidores, compresores de GNC, equipos de frío, iluminación, climatización, sistemas informáticos y tiendas de conveniencia hace que cada incremento tenga un impacto directo sobre la rentabilidad.

En diálogo con Surtidores, Paulo Farina, exsubsecretario de Energía Eléctrica de la Ciudad de Buenos Aires, explicó que “desde las últimas revisiones tarifarias tenemos un esquema fijo de definición de las tarifas. Vamos a ver todos los meses una indexación“, afirmó.
Según señaló, la boleta se compone de dos grandes variables. Por un lado, la remuneración de las distribuidoras, que se actualiza de acuerdo con la inflación del período anterior. Por otro, el costo del gas y de la generación eléctrica, cuyos valores son definidos por el Gobierno mediante contratos trimestrales.
A ese mecanismo se suma la estacionalidad del consumo. Durante el invierno el precio del gas y de la electricidad suele ser más elevado, mientras que en verano la demanda vuelve a empujar el costo de la energía eléctrica por los picos de consumo.
Para el analista, el cambio más importante es que los aumentos dejaron de ser esporádicos para convertirse en una regla. “Las tarifas terminan mezclando inflación pasada, evolución del dólar y el precio del gas y de la electricidad. Por eso tendremos que esperar aumentos todos los meses”, sostuvo.
Farina aclaró que los grandes usuarios que compran energía directamente en el Mercado Eléctrico Mayorista cuentan con mayores herramientas para administrar ese costo. Sin embargo, la mayoría de las estaciones abastecidas por las distribuidoras reciben los incrementos definidos por el Gobierno a través de las empresas prestadoras.

Con este panorama, reducir el consumo dejó de ser únicamente una cuestión de eficiencia para transformarse en una decisión económica. Entre las medidas más recomendadas aparecen revisar la potencia contratada para evitar pagar capacidad ociosa, monitorear los consumos por franjas horarias, optimizar el rendimiento de los equipos de refrigeración y climatización, incorporar iluminación LED y evaluar inversiones que permitan disminuir la demanda eléctrica sin afectar la operación.
Para Farina, la previsibilidad del nuevo esquema no significa que las facturas vayan a estabilizarse, sino que los ajustes pasarán a formar parte de la rutina de cualquier empresa. “No deberíamos encontrar grandes saltos de un mes para otro, pero sí aumentos constantes. Las estaciones tienen que incorporar ese costo a su planificación porque las tarifas seguirán actualizándose por inflación, dólar y estacionalidad. En este contexto, la mejor forma de cuidar la rentabilidad será anticiparse y administrar cada vez mejor el consumo de energía“, concluyó.
DEJANOS TU COMENTARIO!