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La combinación entre suba internacional del petróleo, mayor demanda por la cosecha y el esquema de contención aplicado sobre los surtidores generó fuertes diferencias de costos entre las bocas embanderadas y las que no tienen contrato fijo de abastecimiento.
La convergencia de un petróleo internacional en valores récord y una fuerte necesidad de importar gasoil para sostener la cosecha gruesa generó una fuerte presión sobre el segmento mayorista. Mientras las grandes redes pudieron administrar aumentos más graduales en los surtidores, las estaciones independientes tuvieron que afrontar subas mucho más fuertes en sus costos de reposición.
El empresario del sector Mauro Lapacó explicó que el mayor problema apareció en el gasoil y no tanto en las naftas, debido al fuerte consumo que genera la actividad agropecuaria en plena cosecha.

“El mayorista de naftas acompañó bastante los movimientos generales del mercado, pero en gasoil hubo mucha más presión porque coincidieron la cosecha y el aumento internacional del crudo. Ahí aparecieron diferencias importantes”, señaló en diálogo con Surtidores.
En ese contexto, las Estaciones de Servicio blancas quedaron mucho más expuestas. Datos del sector muestran que entre febrero y abril la nafta súper aumentó cerca de un 22 por ciento, mientras que las bocas independientes debieron aplicar subas promedio del 25 por ciento para sostener sus márgenes operativos.
La diferencia también impactó en las ventas. De acuerdo con cifras oficiales, durante ese mismo período YPF logró incrementar alrededor de un 1 por ciento sus volúmenes comercializados, mientras que las estaciones blancas registraron una caída cercana al 8 por ciento en la zona núcleo del país.
Dentro del sector aseguran que esta situación no es nueva. Cada vez que aparecen mecanismos de control de precios o acuerdos de contención, las estaciones sin contratos de exclusividad con las petroleras suelen quedar en una posición más vulnerable.
La brecha volvió a profundizarse hacia fines de marzo, cuando YPF aplicó un esquema de amortiguación de 45 días para moderar el impacto de la volatilidad internacional. Las estaciones integradas accedieron a ese beneficio, pero las independientes continuaron comprando combustible a precios mayoristas que siguieron el ritmo del mercado internacional.
Esa diferencia rápidamente comenzó a sentirse en los surtidores del interior. Desde una estación blanca de Córdoba señalaron que actualmente venden el gasoil a 2.569 pesos y la nafta súper a 2.299 pesos. “No podemos sostener la rentabilidad”, explicaron desde la empresa, marcando la dificultad de competir con las grandes redes.
Lapacó aseguró que la situación empezó a estabilizarse a partir de mediados de abril, cuando las lluvias ralentizaron el ritmo de cosecha y bajó la presión sobre el abastecimiento de gasoil.

“Cuando cayó el movimiento apareció más disponibilidad de producto y el mercado empezó a acomodarse. Hoy el panorama está bastante más tranquilo que hace algunas semanas”, indicó el titular de Petroenergía S.A.
A pesar de las dificultades, Lapacó consideró que las estaciones blancas seguirán teniendo un rol importante dentro del mercado argentino, sobre todo en ciudades medianas y corredores alejados de los grandes centros urbanos.
“El negocio hoy exige más espalda financiera y más volumen, pero sigue habiendo lugar para estaciones eficientes, con buena administración y capacidad de adaptación frente a estos movimientos del mercado”, concluyó.
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