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El avance del monitoreo remoto y las nuevas tecnologías, junto con una gestión más eficiente de la potencia, se afianzan como motores de rentabilidad.
300 por ciento más caras son las facturas de luz de las Estaciones de Servicio en comparación con las de hace poco más de un año, lo que convierte este tema en el foco de atención en las estrategias empresariales. Ahora bien, ¿es el aumento de tarifas lo que empujó a la energía a escalar posiciones dentro de la estructura de costos o también influyó la creciente electrificación de la operación, con más cartelería digital, nuevos equipos, automatización y robotización?
Para el ingeniero Hernán Astesiano, socio gerente de FIXIT Group, el factor determinante es el primero. Si bien reconoce que las estaciones incorporaron más tecnología y, por lo tanto, nuevos consumos, explica que esos equipos son cada vez más eficientes. De hecho, los indicadores de desempeño energético muestran que el consumo por unidad de venta no aumentó, sino que incluso mejoró: mientras que años atrás una estación promedio consumía alrededor de 0,5 kilowatts por metro cúbico vendido, hoy ese valor puede ubicarse en torno a 0,4.

La razón está en la innovación: iluminación LED, equipos con mayor eficiencia, automatización y sistemas inteligentes que reducen consumos innecesarios. En ese marco, el crecimiento del costo energético responde principalmente a la actualización de tarifas más que a un deterioro en la eficiencia de las operaciones.
Así cobra protagonismo el monitoreo remoto. A través de sistemas que registran el consumo en tiempo real, los operadores pueden entender qué está ocurriendo dentro de su estación, detectar desvíos y tomar decisiones con impacto directo en la factura.
“El primer paso es medir. Hoy hay sistemas que permiten ver cómo se comporta el consumo a lo largo del día, identificar picos y entender qué equipos están demandando más energía”, subrayó el especialista en diálogo con Surtidores.
Este tipo de herramientas funciona como un verdadero centro de control energético. Permite visualizar curvas de consumo, generar alertas, construir históricos y, a partir de esa información, ordenar la operación. Incluso, con el uso de análisis de datos, es posible avanzar hacia esquemas más sofisticados que automaticen decisiones o recomienden ajustes.
“La sola incorporación de monitoreo y análisis puede generar reducciones de entre el 10 y el 12 por ciento en el consumo”, mencionó Astesiano, sin necesidad de realizar grandes inversiones.
Pero el potencial crece cuando estas herramientas se combinan con medidas de eficiencia. Iluminación LED, control de climatización, mejoras en el aislamiento o mantenimiento adecuado de equipos permiten alcanzar ahorros de entre el 10 y el 30 por ciento.
Uno de los puntos críticos que suele aparecer en los análisis es el consumo dentro de la tienda. Equipamientos como hornos, cafeteras, microondas y freidoras pueden representar hasta el 45 o incluso el 50 por ciento del consumo total de ese espacio, lo que obliga a repensar su uso, tecnología y funcionamiento.
Sin embargo, uno de los aspectos más relevantes -y menos gestionados- es la potencia contratada. “Hay ahorros que se logran simplemente entendiendo cuánta potencia se necesita realmente y en qué momento se consume”, señaló el referente de FIXIT.
En la práctica, esto implica que no solo importa cuánto se consume, sino cómo se distribuye ese consumo. Cuando varios equipos de alto requerimiento eléctrico se encienden al mismo tiempo -por ejemplo, hornos, sistemas de climatización y bombas- se generan picos que elevan la potencia demandada y encarecen el servicio.
Por eso, Astesiano sugiere identificar las franjas horarias donde se producen. “Si el pico se da a las 4 o 5 de la mañana cuando se prenden los hornos, se puede trabajar en una secuencia de arranque para evitar ese salto brusco de potencia”, explicó.
Este tipo de gestión no implica necesariamente consumir menos energía, sino hacerlo de manera más eficiente en el tiempo. Es decir, escalonar o distribuir los consumos para evitar concentrarlos en un mismo momento.
Ahí radica la diferencia central entre dos conceptos que suelen confundirse. Mientras que la eficiencia energética apunta a reducir el consumo total -por ejemplo, mediante tecnología más eficiente- la gestión de la potencia busca evitar sobrecostos asociados a los picos de demanda.
Ambas estrategias son complementarias. Una estación puede haber optimizado su consumo, pero si no controla su potencia, seguirá pagando de más.
Asimismo, el mantenimiento empieza a consolidarse como un factor determinante. Equipos de aire acondicionado con bajo rendimiento, compresores con fugas o sistemas de refrigeración deficientes pueden incrementar el consumo sin que el operador lo advierta. Por eso, la incorporación de esquemas de mantenimiento preventivo y predictivo se vuelve parte de la estrategia.
No obstante, Astesiano advirtió que el principal cambio en la demanda energética de las Estaciones de Servicio todavía no ocurrió y estará vinculado a la incorporación de cargadores para vehículos eléctricos, que elevarán significativamente la potencia requerida. A diferencia de otros equipamientos, donde la eficiencia permitió amortiguar el impacto del mayor uso tecnológico, la carga eléctrica -especialmente en versiones de alta potencia- exigirá redimensionar instalaciones y revisar la potencia contratada para evitar restricciones operativas o penalizaciones en la factura.
Las estaciones con mayor escala de consumo comienzan a tener margen para adoptar estrategias de abastecimiento más sofisticadas. Entre ellas, la posibilidad de acceder al mercado a término, habilitada por la Resolución 400/2025, que permite a grandes usuarios contratar energía de forma directa -incluso renovable- mediante acuerdos de largo plazo, reduciendo la exposición al esquema tarifario tradicional.

Este tipo de esquemas resulta particularmente viable en estaciones que, por su ubicación o modelo de negocio, concentran mayores demandas energéticas o integran actividades complementarias dentro del mismo predio, lo que les permite alcanzar la escala necesaria para negociar condiciones más competitivas.
En paralelo, la autogeneración se posiciona como una herramienta concreta para optimizar costos. La instalación de paneles solares permite cubrir parte del consumo diurno -donde se concentran los mayores niveles de demanda- y contribuye a reducir tanto la energía comprada como los picos de potencia.
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