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Una resolución de reciente publicación, incorpora al gas dentro del esquema de subsidios, replicando el modelo de la Ciudad de Buenos Aires. Con casi 260 buses en operación y 259 estaciones habilitadas para carga pesada, el GNC gana terreno como alternativa competitiva frente al gasoil.
La política de transporte público comenzó a mostrar un cambio de rumbo con la publicación de una nueva resolución en el Boletín Oficial (6/2026) que incorpora de manera explícita al Gas Natural Comprimido dentro de la estructura de costos reconocida para los servicios de colectivos. La medida se inscribe en el marco de los esquemas de subsidios vigentes -el SISTAU y el CCP- y abre la puerta a una transición energética basada en la competitividad y la eficiencia operativa.
El nuevo marco normativo no se limita a una actualización técnica. Introduce un cambio de enfoque al reconocer a las tecnologías alternativas en igualdad de condiciones frente a los combustibles tradicionales, estableciendo parámetros específicos de consumo, costos y rendimiento para unidades propulsadas a gas. De esta manera, el GNC deja de ser una opción marginal para convertirse en una variable contemplada dentro de la ecuación económica del transporte público.

La resolución toma como referencia antecedentes recientes, especialmente los lineamientos aplicados en la Ciudad de Buenos Aires, donde el uso del gas en colectivos ya había sido incorporado como parte de una estrategia de transición. En ese sentido, el Gobierno nacional replica ese modelo y lo proyecta a escala federal, utilizando los valores técnicos y económicos definidos en esa jurisdicción como base transitoria hasta tanto se consoliden indicadores propios.
El objetivo es claro: avanzar hacia un esquema que permita reducir los costos operativos del sistema sin comprometer la prestación del servicio. En un contexto de presión fiscal y necesidad de racionalizar subsidios, el GNC aparece como una alternativa viable frente al gasoil, no solo por su menor costo relativo, sino también por su estabilidad frente a la volatilidad de los precios internacionales del petróleo.
La normativa, además, introduce señales económicas concretas que favorecen la adopción de esta tecnología. Al incorporar el GNC dentro de los componentes reconocidos por el SISTAU y el CCP, las empresas que opten por incorporar unidades a gas pueden mejorar su estructura de ingresos, ya sea por menores costos de combustible o por un reconocimiento más eficiente dentro de los subsidios. En la práctica, esto implica un incentivo directo a la reconversión de flotas.
Este impulso regulatorio encuentra respaldo en una infraestructura que ya muestra un grado significativo de desarrollo. En la actualidad, circulan en el país cerca de 260 buses a GNC, una cifra que si bien aún es incipiente, evidencia una tendencia de crecimiento sostenido. A esto se suma una red de 259 Estaciones de Servicio habilitadas para el abastecimiento de transporte pesado, de las cuales 181 cuentan con surtidores de alto caudal, lo que permite tiempos de carga compatibles con la operación intensiva de los colectivos.
La disponibilidad de esta infraestructura resulta clave para consolidar el cambio. Durante años, uno de los principales obstáculos para la expansión del GNC en el transporte público fue la logística de abastecimiento. Sin embargo, la ampliación de estaciones preparadas para grandes volúmenes y la incorporación de tecnología de carga rápida reducen significativamente esa limitación.
En paralelo, el desarrollo de los “Corredores Verdes para el Transporte Público de GNC”, impulsados por el Ente Nacional Regulador del Gas, comienza a complementar este escenario. La iniciativa apunta a consolidar una red estratégica de abastecimiento a lo largo de los principales ejes de circulación urbana e interurbana, garantizando disponibilidad de combustible para flotas de gran porte y favoreciendo la expansión del gas como vector energético.

Desde el punto de vista económico, el diferencial a favor del gas es uno de los factores determinantes, ya que en comparación con el gasoil, el GNC ofrece costos más bajos y mayor previsibilidad. Al reconocer esta ventaja dentro del esquema de subsidios, el Estado no solo promueve una alternativa energética, sino que también busca mejorar la sustentabilidad del sistema en su conjunto.
Al mismo tiempo, el GNC aporta beneficios ambientales, con menores niveles de emisiones contaminantes respecto de los combustibles líquidos. Si bien no alcanza los estándares de cero emisiones de la electrificación, se posiciona como una solución intermedia que permite avanzar en la reducción del impacto ambiental sin requerir inversiones tan elevadas ni cambios estructurales en la operación.
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