Activar/Desactivar Leer Página
Especialistas afirman que las limitaciones regulatorias, la cautela de las petroleras y un incentivo económico todavía acotado hacen que su expansión sea progresiva y desigual en el país.
La implementación del autoservicio de combustibles en la Argentina comienza a consolidarse como una alternativa real al despacho tradicional. El sistema ya funciona desde lo operativo y lo tecnológico, y empieza a integrarse a la dinámica cotidiana de distintas estaciones de servicio, aunque todavía con ritmos y alcances muy dispares.
Desde la mirada de Juan Cerino, socio fundador de Newen Consultores, la cantidad de bocas que adoptaron el autodespacho permite afirmar que la etapa de prueba quedó atrás. Con más de un centenar de estaciones bajo esta modalidad, el esquema ingresó en una fase de validación concreta, aunque el análisis no puede limitarse únicamente a lo que se observa en la operatoria diaria.

El profesional puso especial énfasis en el marco regulatorio. Al revisar el listado de operadores habilitados por la Secretaría de Energía para brindar autodespacho, el número se reduce a menos de diez. Dentro de ese universo aparece apenas una estación de Shell, mientras que el resto corresponde a operadores ligados a YPF, una señal clara de que el despliegue sigue siendo gradual y que la consolidación aún está en proceso.
De cara a los próximos meses, Cerino consideró razonable que se sumen varias decenas de estaciones más, siempre que no haya cambios en las reglas de juego. Estimó que podrían incorporarse entre cincuenta y setenta bocas adicionales, aunque descartó una adopción masiva inmediata y habló de un proceso claramente progresivo.
Buena parte de esa cautela responde a que muchos operadores se encuentran probando el sistema, ajustando procesos y midiendo resultados antes de tomar una decisión definitiva. Según explicó, solo luego de ese análisis evalúan avanzar, salvo en los casos en que la adopción sea impulsada directamente por la petrolera. En paralelo, el resto de las compañías del sector avanza con mayor prudencia que YPF, observando cómo evolucionan los resultados.
Desde la óptica del usuario, el impacto económico todavía aparece atenuado. El especialista destacó que fue mejor recibida la baja de precios en el horario nocturno —pasó del tres al seis por ciento— que el descuento asociado específicamente al autoservicio. Sumadas las promociones bancarias, que en muchos casos rondan el diez por ciento, el incentivo del autodespacho resulta hoy limitado para el cliente.

Por eso, el desafío central no pasa solo por el precio, sino por el diseño de la experiencia dentro de la estación. En ese punto, el foco se desplaza hacia el operador. El autoservicio, bien implementado, permite reasignar personal a tareas de mayor valor agregado, fortalecer la atención en el shop, potenciar la venta de productos de mayor margen, mejorar servicios complementarios y reforzar la seguridad operativa, con impacto directo en la experiencia del usuario.
Con este escenario, Cerino concluyó que el autoservicio no es una solución estándar aplicable a todas las estaciones. Hay casos donde puede sumar eficiencia y rentabilidad, y otros donde conviene adaptarlo de manera parcial o directamente postergar su implementación. La clave, sostuvo, está en analizar cada realidad en función de la operatoria, el perfil de clientes y el contexto regulatorio para definir el esquema más conveniente.
DEJANOS TU COMENTARIO!