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Desde FECRA cuestionan la instalación en centros turísticos con amplia cobertura fija. Advierten que distorsionan la competencia, ponen en riesgo puestos de trabajo y desvirtúan el objetivo original de este tipo de dispositivos.
La presencia de Estaciones de Servicio móviles en zonas urbanas activó fuertes críticas dentro del sector. Lo que en su origen fue concebido como una solución logística para abastecer zonas alejadas o sin cobertura permanente hoy aparece, para los operadores, como una herramienta que amenaza el equilibrio del mercado cuando se instala en localidades con una red consolidada de estaciones fijas y personal estable durante todo el año.
El caso de Pinamar se convirtió en el ejemplo más citado por las cámaras del sector. En esa localidad turística funcionan al menos ocho Estaciones de Servicio tradicionales que, en conjunto, emplean a cerca de 500 personas y realizan inversiones permanentes para sostener la operatoria más allá de la temporada alta. Sin embargo, la instalación de una estación móvil de YPF en plena zona urbana reavivó el debate sobre el uso y el alcance de este formato.

Desde la Federación de Empresarios de Combustibles de la República Argentina sostienen que la presencia de una estación móvil en un distrito con semejante nivel de cobertura no solo resulta innecesaria, sino que introduce una competencia desigual. “Debería destinarse a zonas donde no existe cobertura, no a ciudades donde hay múltiples bocas de expendio que trabajan todo el año, sostienen empleo y hacen grandes inversiones”, señalaron desde la entidad.
El cuestionamiento no se limita al plano económico. Los empresarios advierten que este tipo de instalaciones facilita la carga de combustible a vehículos que luego circulan en áreas donde está prohibido el tránsito, una situación que, según remarcan, derivó en accidentes de público conocimiento. En ese sentido, consideran que la instalación en centros urbanos turísticos no solo altera el mercado, sino que también genera externalidades negativas que exceden la actividad comercial.

En ese marco, la posición de FECRA es clara: las estaciones móviles deben cumplir un rol complementario y excepcional, orientado a abastecer regiones sin infraestructura permanente o con dificultades logísticas, como zonas rurales, áreas de baja densidad poblacional o puntos estratégicos alejados de los grandes centros urbanos. “Cuando hay cobertura suficiente y estaciones en funcionamiento, no tiene sentido sumar un dispositivo móvil que compite en condiciones distintas”, remarcan.
Otro de los puntos que genera preocupación es la flexibilidad operativa de estas estaciones. A diferencia de las bocas fijas, que sostienen costos laborales y operativos durante todo el año, las móviles pueden trasladarse de un punto a otro siguiendo los picos estacionales de consumo. Desde FECRA advierten que, una vez finalizada la temporada de verano, es altamente probable que las petroleras reubiquen estas estaciones en otras zonas con mayor atractivo turístico o demanda ocasional, replicando el mismo esquema de competencia con los operadores permanentes.

“Seguramente las van a mover a donde haya más consumo en determinados momentos del año, y eso perjudica al empresario que invierte, emplea personal de manera estable y sostiene la actividad incluso cuando las ventas caen”, afirman desde la federación. Para el sector, esta lógica profundiza una asimetría que pone en desventaja a quienes apuestan por el desarrollo local a largo plazo.
El malestar crece cuando las estaciones móviles se instalan en localidades donde, además de la red existente, hay proyectos de nuevas estaciones en construcción. “Hay que moverlas a zonas que realmente lo necesiten y no tengan cobertura. No en una localidad que ya cuenta con estaciones y hasta con futuras bocas en desarrollo”, se quejaron los dirigentes empresarios.
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