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Un estudio efectuado por el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz, afirma que las grandes industrias redujeron el uso de la electricidad en un 16,5 por ciento, lo que implica un menor nivel actividad en las Estaciones de Servicio.
La convergencia de precios internos de los combustibles con los internacionales y la liberación de las regulaciones políticas han afectado tanto a los consumidores como a los estacioneros. Según especialistas, este estado de situación forma parte de la disminución de la actividad económica y la pérdida de poder adquisitivo que continúan siendo factores decisivos que afectan la demanda.
En ese contexto, Celina Calore, coordinadora del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO), explicó en diálogo con surtidores.com.ar que esta circunstancia tiene dos componentes principales. En primer lugar, destacó la suba significativa del valor de la nafta y el gasoil.

Sobre ello, apuntó a la devaluación que hubo en diciembre y el cambio de estrategia política, que hasta el año anterior mantenía un precio más regulado. “Ahora, con la liberación, se ha visto un aumento significativo en las expendedoras“, comentó Calore.
El segundo factor es la caída general de la actividad. “Cuando se derrumba la dinámica económica, baja la producción, se deprime la industria, y eso se resiente a nivel de logística de las empresas. Además, la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos de los hogares ha hecho que nuestros presupuestos alcancen para comprar menos cantidad de combustible“, añadió.
Al respecto, Calore admitió que los actores del sector deberán adaptarse a un entorno económico cambiante y buscar estrategias para mitigar el impacto de estas variables en el consumo.

ELECTRICIDAD COMO MUESTRA
Entre los informes que realiza periódicamente el CESO, se destacan aquellos relacionados al descenso del consumo de electricidad y aunque específicamente no se detalla al sector estacionero, refleja la baja de actividad comercial.
Según el análisis del centro de estudios, las grandes industrias redujeron el uso de electricidad en un 16,5 por ciento, “lo que implica un menor nivel de trabajo y su consecuente baja en la demanda de combustibles, producto vital para la logística y distribución de la producción”, resumió Calore.
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