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Desde que el Gobierno Nacional rompió relaciones con la petrolera, las estaciones de servicio reciben productos con mayor regularidad y sufren menos presiones de los representantes comerciales. Si bien a priori pareciera que la situación mejoró, los operadores se sienten inseguros ante un futuro incierto y lleno de preguntas
El conflicto entre el Gobierno e YPF sigue acumulando capítulos sin anticipar un final claro. En la última reunión de Directorio, la petrolera se negó a destinar beneficios a un fondo para inversiones en exploración de nuevos pozos y rechazó así el plan del Ejecutivo que proponía que las utilidades de la compañía se reinviertan en nuestro país. Con esta decisión, la posibilidad de un acuerdo quedó casi descartada.
En este marco de tire y afloje, los operadores de esta bandera se encuentran a la expectativa de lo que pueda suceder. Algunos prefieren ser positivos, mientras que otros consideran que no vendrán tiempos mejores. Lo cierto, es que la coyuntura trajo algunos beneficios para las bocas de expendio porque desde la petrolera están haciendo mayores esfuerzos para evitar problemas de faltantes de combustibles. Incluso en los fines de semanas largos no hubo grandes complicaciones para llenar el tanque, salvo casos puntuales en el sur y norte del país, donde se vivieron focos de escasez prolongados.
Durante estos primeros meses del año, la empresa envió cartas a documento a aquellos operadores que en el próximo año se les vence el contrato de suministro. Teniendo en cuenta la tensión que vive el sector, desde las cámaras empresarias suponen que petrolera no va a imponer nuevas presiones y que prorrogaría el vínculo a la gran mayoría de los comercios. No obstante, hay otros dirigentes que analizan la situación desde otro punto de vista y entienden que una pelea más frontal podría llevar a Repsol a tomar decisiones para agitar el clima social. De todas maneras, son solo conjeturas.
Para gran parte de los referentes de la actividad el Gobierno prepara el terreno para tomar posesión de parte de los capitales de YPF. Otra de las opciones que se analizan podría ser que algún inversor privado afín compre acciones y pueda influir en el rumbo de las decisiones del Directorio. Basan sus ideas en la quita de licencias en las provincias, medidas que tiran hacia abajo la cotización de empresa en la bolsa.
En tanto, los operadores se encuentran dominados por un futuro que desconocen. No tienen poder de decisión sobre su propio negocio y deben esperar para ver cómo evoluciona la pelea entre dos grandes. Ninguna de las dos opciones les seduce demasiado, pero por lo bajo aseguran que prefieren una YPF más dócil, regulada por una nueva ley de Comercialización.
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