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La repercusión mediática que tomó la situación de los combustibles dio origen a una nueva orden: la de no informar que productos no tienen stock. Los clientes se enteran cuando llegan a los surtidores y algunos reaccionan contra los empleados. Tenemos que poner la cara nosotros, se queja el personal
Hasta hace pocos meses atrás, las estaciones de servicio no dudaban en informar que productos no disponían en stock de manera de evitar un mal trago cuando los clientes se aproximaban al surtidor. Sin embargo, repercusión mediática que tomó la situación de los combustibles dio origen a una nueva orden: la de no informar si falta algún producto.
La modalidad empleada hasta entonces, si bien no era demasiado visible, eran marcadores en los picos que indicaban la inexistencia de naftas o gasoil en ese surtidor. Casi imperceptibles, eran suficientes para dar aviso a los clientes de que la espera era inútil hasta que no llegara el camión con la reposición.
Hoy nadie quiere publicitar la escasez. La órden emanada desde las petroleras es no colocar ningún accesorio que deje entrever la ausencia de algún tipo de combustible y son los playeros los que deben comunicar verbalmente que solo despachan tal o cual producto, generando en ocasiones la reacción airada de los consumidores que en ocasiones llegó hasta la violencia física.
Tenemos que poner la cara, se queja el personal de la decisión de sus empleadores. La gente hace la fila y cuando quieren cargar y les avisamos que no hay lo que buscan se las agarran contra nosotros, lamentó el empleado de una estación ubicada en el centro de la ciudad de Rosario. Es lógico, justificó, esperan varios minutos hasta llegar al surtidor.
A veces el descontento no tiene destinatarios lógicos. En Orán, Salta, el secretario del Intendente Julián Moreno protagonizó el inicio de una escena de pugilato cuando intento cargar combustible en la estación de servicio Refinor sin respetar la fila de quien esperaban desde hacia horas. Los clientes se fueron derechito a increpar al funcionario que los invito a pelear. Tuvo que intervenir la policía para que el hecho no pasara a mayores.
Los propietarios de los comercios se muestran reacios a compartir la decisión de sus proveedores pero la cumplen a regañadientes. Temen un destino similar al de un colega de la provincia de Buenos Aires que colocó un cartel en el ingreso a la playa que decía desabastecido por culpa de la compañía. Resultado: cancelación del contrato que lo ligaba comercialmente a la petrolera.
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