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Por no querer atarse a las imposiciones de un proveedor muchas optaron por esta alternativa. La mayoría, sin embargo, se quedó sin contrato y deben recurrir a esta opción para seguir funcionado
Las blancas fueron una opción interesante durante la vigencia del uno a uno. Comprar combustible importado era más barato que el refinado acá, con lo cual se podía vender a mejor precio. Estos negocios tenían una rentabilidad que duplicaba a las de bandera, gozaban de un saldo favorable y lograban liberarse de la presión de las petroleras.
Con la salida de la convertibilidad la situación se dio vuelta. La presión oficial para mantener los precios a raya produjo la debacle de este sector que se posicionó como el más perjudicado por la crisis que conmovió a las estaciones de servicio. Las grandes empresas dejaron de abastecerlas regularmente y las que eran provistas debían pagar por un litro de naftas o gasoil mucho más que las de bandera trasladando ese diferencial a las pizarras.
Sin embargo y pese a este contexto desfavorable, el número de blancas fue en aumento porque las petroleras se sacaron de encima las estaciones que no les eran rentables. En general no les renuevan los contratos con las que se vinculaban comercialmente abandonándolas a su suerte. Manuel García, presidente de
Actualmente el número de este tipo de establecimientos asciende a 917, transformándose en la segunda cadena de importancia del país, detrás de YPF pero encima del resto. Suman el 22.23 por ciento del total de las bocas en funcionamiento, aunque con la salvedad de que muchas de ellas despachan GNC.
El directivo de AESI recordó que en 2008, el secretario de Comercio Guillermo Moreno, los convocó para comunicarles que las petroleras los abanderarían según su cuota de participación en el mercado. La noticia los sorprendió ya que era la primera vez que el Gobierno ponía atención en la situación de este segmento, pero se ilusionaron con la posibilidad de pertenecer al sistema.
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