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Jorge Battista, Ingeniero Electricista con Posgrado en Ingeniería en Petróleo, ex funcionario de Gas del Estado, Docente universitario y Director de Contegas, evaluó el desarrollo de la actividad según pasan los años y planteó los desafíos de los empresarios para enfrentar el futuro.
Columna opinión: Ing. Jorge Battista
Las distintas actividades comerciales, industriales etc., van mutando con el tiempo y el negocio de las estaciones de servicio no escapan a esta lógica.
El gran punto de inflexión se produjo durante los 90 cuando el gobierno de Carlos Menem dispuso mediante el Decreto 1212 la desregulación petrolera y la libre disponibilidad de bocas de expendio.
¿Cómo eran las Estaciones de Servicio hasta la década de los 80?
En general puede decirse que una Estación de Servicio barrial de aquellos años era una instalación bastante lúgubre, de limpieza poco cuidada, (algunos afirman que eran una mancha de tierra y grasa), atendida por sus dueños. Lo más común era encontrar al frente del negocio al propietario vestido con ropa de trabajo y atendiendo la playa o cualquier otra dependencia de la propia estación. En muchos casos la estación habría sido heredada de su padre y este de su abuelo. Los hijos del propietario atendían la playa, uno de ellos se encargaba del sector de engrase y cambio de aceite y el otro del lavadero de autos.
La esposa del titular en muchos casos se encargaba de la tarea administrativa y de atender el local en el que lejos de venderse comidas tipo fast food o bebidas energizantes se vendían solo repuestos sencillos de automóviles tal el caso de fusibles, correas de ventilador, criques, llaves cruz, etc.

Los pocos empleados que tenían se dedicaban a todo tipo de tarea, despacho de combustible, engrase, limpieza de la estación en general, incluyendo los baños tema que daría para otra nota ya que la calidad de los sanitarios de aquellos tiempos eran aptos solo para casos de imperiosa y extrema necesidad o para los amantes del turismo aventura. Mejor no mencionar los sanitarios para damas.
La Secretaría de Energía era quien otorgaba el permiso para instalar una boca de expendio. El pedido era solo posible a través de una compañía petrolera. Es más, el permiso era propiedad de la compañía y no del propietario del predio.
El negocio estaba protegido ya que a menos de 2000 metros de una estación no se autorizaba otra nueva. El ingreso principal estaba dado por la venta de combustible. Los márgenes en esos tiempos eran del entre 12 y 18 por ciento y todas las ventas y servicios se cobraban en efectivo. El negocio familiar no era malo. No obstante no se hacían millonarios.
La llegada del GNC produjo algunos cambios importantes. La Secretaría de Energía para promocionarlo dispuso el otorgamiento de nuevas bocas de expendio sin que se tuviera en cuanta la restricción de los 2000 metros siempre que las estaciones tuvieran expendio de GNC.
Las mismas petroleras se hicieron de esos permisos e instalaron bocas propias con una calidad de diseño y constructiva mucho más modernas de lo habitual hasta ese momento.
Ese fue un gran impulso para el gas vehicular ya que el público, al ver que las principales compañías petroleras ponían estaciones de ese nuevo combustible, comenzó a creer mucho más en el GNC.

Los estacioneros particulares vieron el nuevo negocio con interés. Si bien el equipamiento mas la obra implicaban una inversión importante, el margen de rentabilidad de cada metro cúbico era generoso y los volúmenes de venta gigantescos. Las petroleras en estos casos solo cobraban un canon por el uso de la bandera y los estacioneros duales vieron crecer su negocio de manera significativa.
Al mismo tiempo comenzaron a desarrollarse los minimercados. Ahora las estaciones vendían combustible líquido, GNC además de alimentos bebidas y golosinas.
Cuando llegó la desregulación petrolera y la libre disponibilidad de bocas de expendio desapareció la restricción de los 2000 metros. Comenzaron a instalarse estaciones una enfrente de la otra y con ello tuvieron que comenzar a competir. Hubo casos de hasta tres o cuatro estaciones en una misma bocacalle.
Las estaciones comenzaron a ser empresas más importantes con instalaciones de primer mundo. Con gran cantidad de empleados. Los estacioneros se habían convertido en empresarios, ya no atendían la playa ni el engrase. Los sanitarios en los mejores y de limpieza impecable. Los dueños pasaron a tener oficinas de gerente y sus hijos a coparticipar de dicha tarea.
El primer mundo se notaba a simple vista. Gran parte de las ventas se hacían con tarjetas de crédito, la ausencia de inflación hacían que este servicio no se devorara la rentabilidad. Hasta un peso era un dólar.
La ilusión nacional duró algunos años. Con el tiempo nos dimos cuenta que la ilusión del primer mundo había sido solo eso, una ilusión.
El margen de comercialización de los líquidos fue disminuyendo, los volúmenes de venta de GNC también. Los salarios de los empleados comenzaron a ser un gran componente del costo de la actividad.
La voracidad de las distintas entidades gubernamentales y no gubernamentales creció de manera geométrica. Impuestos tasas, contribuciones. La venta con tarjetas eran indispensable, sin embargo implicaba gran riesgo de vender a pérdida, sobre todo cuando se hacían a través de cuentas corrientes.
La cultura del no trabajo y la industria del juicio una bomba de tiempo para la actividad (esto último no es exclusivo de las estaciones de servicio pero también cabe mencionarlo).
En fin se llegó en estos tiempos a tener estructuras gigantescas, con costos de operación elevadísimos, inmovilizando terrenos que han triplicado su tasación en las últimas décadas, con volúmenes de venta cada vez menores y márgenes de comercialización adelgazados.
En definitiva, ¿podremos aspirar a que la presión fiscal disminuya?; ¿Deberemos propiciar el autoservicio (self service como en otros países) para así poder bajar el impacto del costo laboral?; o ¿debemos pensar en volver a las Estaciones de Servicio de antaño?
Jorge Alejandro BATTISTA
Antecedentes Profesionales:
CONTEGAS
GAS DEL ESTADO:
Publicaciones:
Docente:
Profesor en Curso Especialista de GNC, en la Universidad Tecnológica Nacional, Regional Buenos Aires.
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