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La normativa Euro6 entró en marcha a finales del pasado año (este en la Argentina) con un objetivo claro: hacer que todos los vehículos nuevos que se vendan en suelo europeo sean más limpios, obligando a los fabricantes a reducir las emisiones de elementos contaminantes y partículas en suspensión.
La normativa Euro6 se puso en funcionamiento el 1 de noviembre de 2015 con el objetivo de hacer que todos los vehículos nuevos que se venden en suelo europeo reduzcan las emisiones de elementos contaminantes y partículas en suspensión, es decir, que sean más limpios.
Claro que para entender de qué se trata este procedimiento hay que remontarse a la primera de todas, la Euro1, que se introdujo en la Unión Europea en 1993 y limitaba las emisiones de NOX de los diésel a 780 mg por kilómetro. Cinco años más tarde se renovó con la introducción de la Euro2, que rebajó dicha cifra hasta los 730 mg/km. Ya en el año 2000, ese límite bajó hasta los 500 mg con la llegada de la Euro3.
Posteriormente, con la llegada de la Euro4 y Euro5 (esta última ya presente en los combustibles argentinos) , la legislación sobre emisiones se volvió cada vez más estricta con el objetivo de reducir la contaminación, intención que ha alcanzado su máxima expresión con la introducción del nuevo reglamento Euro6. Y así es como hemos llegado hasta las regulaciones actuales, que buscan principalmente reducir drásticamente las emisiones de óxido de nitrógeno (NOX) y de partículas en suspensión (PM), tanto en autos como en vehículos comerciales.
Con respecto a la Euro5, la nueva normativa europea contra la contaminación reduce las emisiones de óxido de nitrógeno de las motorizaciones diésel, que es el más perjudicial para la salud de las personas, de 180 mg/km a 80 mg/km, mientras que las partículas en suspensión mantienen el mismo límite. En los propulsores de nafta, por su parte, no cambia el límite de 60 mg/km de NOX ni tampoco el de partículas en suspensión, fijado en 5 mg/km.
De esta forma, queda claro que la normativa Euro6 establece restricciones más fuertes para las motorizaciones gasoleras, manteniendo las emisiones de la Euro5 para los propulsores alimentados con nafta. Para lograr cumplir con la legislación, los fabricantes han mejorado los sistemas de tratamientos de gases de escape, con un convertidor catalítico de NOX en los modelos más ligeros y con un catalizador con inyección de urea, también conocido como AdBlue, en los más pesados.
El empleo de AdBlue, que se almacena en el tanque en función del modelo se puede rellenar en las estaciones de servicio o durante las revisiones que tenga que pasar el vehículo, permite convertir los óxidos de nitrógeno en vapor de agua y nitrógeno inocuo. El costo adicional de la urea es uno de los pocos gastos relacionados con la Euro6 que afectan directamente al bolsillo del usuario.
Por lo demás, la norma Euro6 no cambia nada a nivel de usuario, ya que las marcas prometieron mantener el mismo precio de venta que antes en sus modelos a pesar de haber mejorado los sistemas anticontaminación. Es más, en la mayoría de los casos beneficia a los propietarios, ya que la introducción de esta normativa redunda en una reducción del consumo de combustible.
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